Sánchez comparece el 3 de septiembre para no pasar por el aro
¿Qué espera contar Pedro Sánchez el 3 de septiembre que no haya contado ya? Un mes después de la llegada masiva de 80.000 personas a Ceuta, el presidente del Gobierno ha anunciado una comparecencia a petición propia en el Congreso, a las nueve de la mañana. El movimiento tiene una lectura táctica inconfundible: adelantarse a la Diputación Permanente, el órgano que debía pronunciarse ese mismo miércoles sobre la petición del PP para que rindiera cuentas.
Por qué Sánchez se adelanta al PP
El contexto parlamentario está en receso. La Diputación Permanente actúa como sustituto del pleno en vacaciones, y el PP había registrado una petición para forzar la comparecencia. Anunciándola por iniciativa propia, el Gobierno controla el formato, la fecha y el relato. Ahorra a Sánchez la imagen de arrastrado por la oposición; pero también convierte el acto en un desafío personal: si el relato no cuela, el desgaste será doble.
El guion previsible
Los críticos dan casi por escrito el argumentario: derecha y extrema derecha, mafias, bulos, fábrica del fango, internacional fascista. Algunos pronostican que el presidente intentará además desviar la atención hacia el ático de Ayuso o el franquismo. En la bancada popular, la expectación es máxima: hay quien fantasea con que la comparecencia sea la antesala de la disolución de las cámaras. Quizá sea mucho pedir, pero el clima no invita a la tregua.
Lo que aún nadie ha explicado es cómo se pasa de prometer explicaciones sobre una crisis humanitaria a convertirla en un capítulo más de la guerra cultural. Si el objetivo era parecer un estadista, el 3 de septiembre será el examen. El manual de resistir, mientras tanto, lo conoce todo el mundo.