Dr.Robert ley
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Salir del euro e imprimir moneda no garantiza acabar con el desempleo ni con el problema de la vivienda. Sin financiación exterior ni confianza en la nueva divisa, el resultado más probable es inflación alta y más pobreza.
Salir del euro e imprimir moneda no garantiza acabar con el desempleo ni con el problema de la vivienda. Sin financiación exterior ni confianza en la nueva divisa, el resultado más probable es inflación alta y más pobreza.
La idea suena bien en una barra de bar: si el Estado imprime su propia moneda, tiene dinero de sobra para construir casas, arreglar carreteras y dar trabajo a todo el mundo. El problema es que la economía no funciona como una imprenta. Salir del euro implicaría renunciar a una moneda que comparten 20 países y que el Banco Central Europeo gestiona desde 1999.
España tiene una deuda pública de alrededor de 1,6 billones de euros, según los datos del Banco de España. Esa deuda está emitida en euros. Si se abandona la moneda común, habría que decidir en qué se paga: en euros que ya no controlamos o en pesetas que nadie quiere. Los acreedores internacionales no aceptarían de buen grado un cambio a una divisa nueva y devaluada.
Imprimir pesetas sin límite para financiar obra pública dispara los precios. Con más billetes persiguiendo los mismos bienes, la inflación se come los salarios. Argentina vivió algo parecido en 1989, con una hiperinflación que superó el 3.000% anual, y el país terminó dolarizando su economía en 1991.
La propuesta incluye dar una casa gratis a cada español mayor de 18 años que no tenga vivienda propia. Construir un millón de pisos a un coste medio de 100.000 euros cada uno supone 100.000 millones de euros. No hay imprenta que cubra eso sin que el dinero pierda valor antes de poner el primer ladrillo.
Crear empleo público masivo con dinero recién impreso tampoco resuelve el paro. El desempleo en España cerró 2024 alrededor del 11%, según la Encuesta de Población Activa. Los puestos financiados con deuda se sostienen mientras dura la impresión; cuando la inflación obliga a parar, esos empleos desaparecen.
El mensaje menciona a Hitler como ejemplo de quien aplicó medidas así. La Alemania nazi salió del patrón oro en 1933 y financió obra pública con pagarés especiales, los Mefo-Wechsel. Eso redujo el paro de 6 millones a menos de 1 millón entre 1933 y 1938, pero a costa de un control total de precios, salarios y capitales, y de preparar una guerra.
Ningún país democrático de la Unión Europea ha salido del euro desde su creación. Grecia estuvo cerca en 2015 y optó por quedarse. El coste de una salida sin acuerdo se estimó entonces en una caída del PIB de hasta el 10% en un año.
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