La brecha de género en terapia: ¿cuidado de la salud mental o consumo de lujo?
Los datos oficiales dicen que las mujeres acuden a terapia psicológica en mayor proporción que los hombres. La explicación habitual es que ellas han sido educadas para expresar sus emociones y buscar ayuda, mientras ellos las reprimen. Pero si rascamos un poco, el argumento huele a superioridad moral disfrazada de salud. En realidad, la diferencia de consumo terapéutico tiene más que ver con la disponibilidad de tiempo, dinero y la industria de la felicidad que con una supuesta inteligencia emocional superior.
Terapia: ¿cura o pasatiempo?
Una corriente de opinión sostiene que las mujeres, al tener jornadas laborales más cortas y mayor renta disponible (o más capacidad de endeudamiento), convierten la terapia en un bien de consumo más. El artículo de Marita Alonso en El País (29 de abril de 2026) que ha avivado el debate defiende la tesis de que los hombres son un peligro por no ir al psicólogo. Sin embargo, la reacción mayoritaria ha sido de rechazo: se señala que la terapia se ha convertido en un refugio para quejas triviales, y que la saturación de mujeres en las consultas refleja una falta de problemas reales, no una mayor conciencia.
El negocio de la infelicidad femenina
Los críticos apuntan que el feminismo ha generado un nicho de mercado: mujeres insatisfechas que acuden a profesionales para validar su malestar. Mientras, los hombres, ocupados en trabajos productivos y con menos tiempo para la introspección, simplemente siguen adelante. La brecha no es de salud, sino de ocio y recursos. Las cifras de absentismo laboral por problemas de salud mental en mujeres son más altas, pero también lo es el consumo de ansiolíticos. La pregunta es si la terapia soluciona algo o retroalimenta el problema.
El debate no es si las mujeres cuidan más su salud mental, sino si la terapia es realmente un cuidado o un lujo que se pueden permitir. Mientras no se analice el coste de oportunidad y el sesgo de género en la industria terapéutica, cualquier conclusión será ideológica más que económica.
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