El 68% de los perceptores del IMV son mujeres, pero el 99% de los homeless son hombres
Que el 68% de los titulares del Ingreso Mínimo Vital sean mujeres suena a éxito de las políticas de género. Que más del 99% de las personas sin hogar sean hombres suena a fracaso silencioso. Los datos oficiales, publicados recientemente por Ahoraleón, dibujan una paradoja que el relato mainstream prefiere esquivar: la misma sociedad que protege a unas abandona a otros.
Perfil joven y femenino del IMV
Según la estadística referida a marzo de 2026, el IMV cubre a 2,5 millones de personas. La edad media del beneficiario es de 28,5 años. Seis de cada diez son mujeres. El argumentario oficial lo vende como apoyo a la juventud vulnerable, pero la lectura alternativa apunta a un sesgo de selección: las mujeres acceden más fácilmente a ayudas sociales, mientras los hombres, especialmente jóvenes, caen en el sinhogarismo.
Sinhogarismo: un problema de hombres
Las cifras de calle son tozudas: más del 99% de los homeless son varones. La brecha de género aquí es absoluta, pero no genera alarma social. Las explicaciones van desde la mayor disposición masculina a vivir en la calle hasta la falta de redes familiares tras una ruptura. También pesa que muchos programas de asistencia priorizan a familias monoparentales, casi siempre encabezadas por mujeres.
La pregunta que flota es incómoda: si el Estado gasta 2.500 millones al año en IMV mayoritariamente femenino, ¿por qué los hombres que duermen en la calle no reciben ni la mitad de atención? Tal vez la respuesta no sea económica, sino de enfoque. O de prioridades.
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