La maldición del padre de Kierkegaard: tormenta, rebaño y corresponsabilidad
En 1834, una tormenta arrasó el rebaño de ovejas de Michael Pedersen Kierkegaard, padre del filósofo Søren Kierkegaard. Cuenta la biografía que, desesperado, maldijo a Dios por permitir aquella pérdida. Ese instante de furia teológica marcó a fuego la psicología del futuro existencialista y su concepto de angustia y libertad.
La historia no es solo una anécdota familiar: introduce la noción de
corresponsabilidad, un término que el filósofo Lanza del Vasto rescató para explicar cómo las faltas de unos pesan sobre otros. En su escrito sobre la Comunidad del Arca, afirma: "La corresponsabilidad está en la naturaleza de las cosas. Existe en forma más o menos latente tanto en la familia como en la nación". El padre de Kierkegaard, al maldecir, cargó sobre sí y su linaje una deuda espiritual que su hijo intentó comprender a través de la filosofía.
El peso de una maldición
Michael Pedersen era un pastor danés que, tras perderlo todo, maldijo a Dios. Según los relatos, ese acto de rebeldía absoluta lo persiguió el resto de su vida, sumiéndolo en una melancolía que transmitió a su hijo. Søren Kierkegaard, que siempre buscó la autenticidad frente al sistema, analizó esa experiencia como un ejemplo de la relación trágica entre el individuo y lo divino.
La tradición bíblica ofrece un contrapunto: Job, que perdió rebaño, hijos y salud, pero no maldijo a Dios. Curiosamente, como señalan los estudios, Job no era judío; su historia proviene de fuentes sapienciales mesopotámicas y egipcias, lo que subraya un arquetipo universal: el justo ante el sufrimiento inexplicable. Mientras Job mantuvo la fe, Michael Kierkegaard cedió a la ira. Dos caras de la misma moneda existencial.
Corresponsabilidad: la deuda compartida
La corresponsabilidad, tal como la formula Lanza del Vasto, implica que "al hijo del estafador, del usurero, del fracasado, le cuesta mucho levantar cabeza". Este principio se aplica al propio Kierkegaard: el resentimiento de su padre contra Dios sembró en él una angustia que canalizó hacia la creación de una filosofía centrada en la elección personal y la subjetividad.
El debate sobre si la maldición fue un acto de libre albedrío o una reacción humana comprensible enfrenta dos posturas. Unos ven en ella la raíz del existencialismo: el individuo solo, frente a un Dios que calla. Otros critican la atribución de males divinos a decisiones humanas, recordando que el silencio de Dios no es una invitación a la blasfemia, sino un misterio.
Lo cierto es que la historia de Michael Pedersen Kierkegaard sigue resonando. La corresponsabilidad nos recuerda que nuestras acciones —o las de nuestros antepasados— nos preceden y condicionan, pero no determinan. Como escribió el filósofo danés, la libertad implica elegir incluso cuando el peso del pasado intenta imponerse.
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