Tras 2.200 años, seguimos sin saber por dónde cruzó Aníbal los Alpes: las tres rutas que se disputan la gloria
Cuando Aníbal Barca puso a sus 37 elefantes a cruzar los Alpes en el 218 a.C., no imaginaba que 22 siglos después el debate seguiría abierto. No hay túnel del tiempo, pero hay tres candidatos serios: el Pequeño San Bernardo (2.188 m), el Col de la Traversette (2.947 m) y el Col de Montgenèvre (1.854 m). Cada uno tiene partidarios tan firmes como los Alpes mismos.
El Pequeño San Bernardo: la candidatura militar
El general del ejército de la Unión Theodore Dodge, que combatió en Gettysburg, estudió el terreno a finales del siglo XIX y se decantó por esta ruta. Su argumento: Aníbal habría minimizado el tiempo en caminos de montaña, y el Pequeño San Bernardo ofrece un largo recorrido por valles amplios antes del puerto. Además, Polybio menciona que tras la cumbre, un desprendimiento retuvo al ejército tres días —y en la cabecera del valle de Aosta, por debajo de los 1.700-1.800 m, hay un lugar estrecho con árboles que encaja con la descripción. La salida, además, caía en territorio de los ínsubres, aliados de Cartago.
La Traversette: ciencia y controversia fecal
En 2016, un estudio de la Universidad de York City analizó bacterias intestinales de caballo halladas en el Col de la Traversette y las dató en torno al 216 a.C. El titular fue explosivo: "hallada la caca de los caballos de Aníbal". Pero los escépticos respondieron con los márgenes de error del carbono-14 (2070±31 BP, que da entre 85 y 23 a.C.) y, sobre todo, que el mismo puerto fue usado por Asdrúbal Barca apenas diez años después. Sin puntas de flecha, sin huesos de elefante —y menos de la subespecie extinta africana—, la prueba bacteriana no es concluyente. Además, la Traversette es el paso más empinado, con un camino de cabras en la cima, y varios ejércitos cruzaron los Alpes entre 231 y 97 a.C.
Montgenèvre: el favorito de los académicos
El historiador Peter Connolly y Gaetano de Sanctis apostaron por esta ruta. Montgenèvre tiene un lago cerca de la cumbre —posible lugar de acampada—, vegetación por debajo de los 2.000 metros y una subida asequible. El problema es la bajada: desemboca en la llanura de los taurini, una tribu hostil a los cartagineses. Aníbal tuvo que luchar para abrirse paso, lo que en cierto modo también es verosímil.
Con los datos actuales, ninguna ruta es definitiva. Ni siquiera los elefantes —que eran de la subespecie africana del norte, extinta, más pequeños que los asiáticos— han dejado rastro. Como se ha apuntado, el día que aparezca un coprolito de elefante en los Alpes se zanjará la discusión. Hasta entonces, el paso de Aníbal sigue siendo el enigma que todo aficionado a la historia quiere resolver.
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