Doce años para alcanzar la mitad del nivel militar ruso
Doce años. Esa es la conclusión que una información publicada en El Español atribuye a la OTAN para alcanzar solo la mitad del nivel militar de Rusia. La cifra, por sí sola, ya parece un argumento: o el ejército ruso es una maquinaria temible, o Occidente está mucho peor de lo que se admite. El problema es que en paralelo circula la descripción opuesta: una columna de 60 kilómetros de blindados incapaz de tomar Kiev, con tropas que, según el relato, llevaban uniformes de gala para desfilar por las avenidas.
El poder militar ruso según El Español
La información de El Español plantea un escenario incómodo para quienes dan por descontada la debilidad rusa. Doce años para alcanzar la mitad del nivel militar de Rusia es un horizonte que desmiente cualquier lectura triunfalista. En el otro extremo, el análisis del fracaso inicial en Ucrania describe un país que erró en su inteligencia, que creyó que una columna de chatarra bastaba para doblegar Kiev y que acumuló una sucesión de equívocos tácticos. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo, pero conviven en el análisis público.
La contradicción que alimenta la propaganda
Entre las posturas más escépticas se argumenta que el relato de la amenaza rusa se usa para justificar una militarización europea que se paga con servicios sociales básicos, como sanidad y educación. Si Rusia es a la vez una amenaza existencial y un ejército inoperante, la conclusión más sencilla es que alguna de las dos narraciones es propaganda. No es difícil encontrar quien defienda que llevan cinco años construyendo un relato antirruso, y que la capacidad militar real ha quedado sepultada bajo la retórica.
La lectura geopolítica y el factor Irán
Aparece también una hipótesis más especulativa: que EE.UU. acabe pidiendo ayuda a Rusia en el conflicto con Irán y que, a cambio, el Kremlin acepte detenerse cuando controle todo el Donbás, mientras la UE intenta adquirir armamento que Ucrania ya no recibiría. Es un escenario sin confirmar, pero que refleja la convicción de una parte del análisis de que la guerra no terminará con una victoria final de ninguno de los dos bandos.
La pregunta que descoloca cierra el recorrido: si Rusia fuera tan mediocre, ¿qué dice eso de Ucrania, y sobre todo de la OTAN, que no ha conseguido ganarle la guerra? La contradicción no se resuelve. El mismo análisis que advierte del peligro ruso describe un ejército que no pudo tomar Kiev. Algo no cuadra; ese desajuste es el único consenso.