Alsina, de la equidistancia al pelotismo: el rumor que agita la SER
El rumor de que Carlos Alsina podría reemplazar a Àngels Barceló al frente del morning de la SER ha reabierto el debate sobre la deriva editorial de la cadena y la evolución del propio periodista. En círculos de análisis se señala que Alsina, hasta hace poco considerado un referente de la moderación, habría ido desplazando su discurso hacia una línea más cercana al Gobierno, coincidiendo con los meses previos a unas elecciones generales.
El cambio de tono que no pasó desapercibido
Quienes siguen su programa desde hace años detectan un giro sutil pero constante: entrevistas menos incisivas, ausencia de preguntas incómodas sobre casos de corrupción y una defensa velada de las políticas del Ejecutivo. Un vídeo rescatado de Jesús Quintero, en el que el legendario entrevistador reprende a Alsina por su falta de contundencia, se ha viralizado como prueba de que su estilo no es nuevo, sino que siempre ha tendido a la tibieza.
Pero el contexto importa. La SER ha ido perdiendo audiencia joven y las cifras de escucha tradicional caen año tras año. Sustituir a Barceló —una de las voces más críticas con el Gobierno— por un perfil más dúctil como Alsina sería, según algunos analistas, una maniobra para asegurar el control editorial en un ciclo electoral especialmente volátil.
¿Tibieza o realineamiento ideológico?
Las posturas se dividen. Un sector sostiene que Alsina nunca fue un contrapoder real, sino un producto de la corrección política que ahora se siente libre de expresar su afinidad con el PSOE. Otros argumentan que la transformación es reciente y obedece a una estrategia para asegurar su puesto: el llamado ‘efecto alfombra roja’ hacia la SER.
Lo cierto es que el ruido coincide con los planes de renovación de Prisa Radio. Fuentes internas citan que Àngels Barceló podría ser trasladada a la televisión pública para sustituir a Xabier Fortes, mientras Alsina tomaría el relevo matinal. Una jugada que, de confirmarse, dejaría a la SER sin su principal baluarte crítico en el dial.
La pregunta que queda en el aire es si el oyente —el que aún queda— distinguirá entre la vieja equidistancia y la nueva docilidad antes de que las urnas decidan.
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