Ruggeri, del Atlético, acusado de pagar por mensajes racistas para masturbarse
El defensa italiano Matteo Ruggeri, de 23 años y que juega en el Atlético de Madrid, ha sido acusado de pagar 150 euros a una mujer para que le enviara mensajes racistas y blasfemos con los que masturbarse. Según la información publicada por Atletico Universe y recogida por Flashscore, el futbolista habría solicitado frases como «dime que insultas a los negros y que eres racista» o «¿te molesta si me toco mientras escucho tus audios?». La mujer ha hecho públicas las conversaciones en Instagram, lo que ha desatado un pequeño terremoto en el entorno rojiblanco.
Ruggeri, que llegó este verano procedente del Atalanta, ya tenía fama en Italia de tener comportamientos extraños en redes sociales. En el hilo se menciona que el jugador no sería nuevo en este tipo de prácticas: en su etapa en Bérgamo ya había sido denunciado por acosar a varias chicas por Instagram, algunas de ellas menores de edad según fuentes extraoficiales. El Atlético de Madrid aún no se ha pronunciado, pero el escándalo llega en un momento delicado, con el equipo en plena pretemporada y el futuro de algunos jugadores en el aire.
¿Delito o simple necedad?
La fiscalía italiana podría investigar los hechos, dado que las peticiones racistas y blasfemas, aunque sean en conversaciones privadas, podrían constituir un delito de odio si se demuestra que hubo incitación. Sin embargo, en España la legislación es menos clara al respecto. Algunos comentaristas señalan que la verdadera infracción la habría cometido la mujer al grabar y difundir las conversaciones sin consentimiento, lo que podría ser constitutivo de revelación de secretos. La frontera entre lo privado y lo público se vuelve difusa en la era de las filtraciones.
El caso recuerda a otros escándalos de futbolistas que buscan satisfacciones sexuales a través de redes sociales, pero aquí el componente racista añade una capa adicional de repulsa. El propio Ruggeri, según los mensajes, también pedía blasfemias en italiano como «porco dio» o «dio cane», lo que sugiere una fijación con lo sagrado y lo prohibido. Un cóctel explosivo para un deportista de élite.