squirtsangriento_
Forero Paco Demier
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Ya he hablado de esto…
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La empatía hacia los trastornos mentales se reparte de forma desigual: la depresión y la ansiedad reciben comprensión porque sus síntomas resultan imaginables; el autismo y los trastornos de personalidad reciben burla o indiferencia porque exigen imaginar una forma distinta de procesar el mundo.
La depresión afecta a unos 280 millones de personas en el mundo, según la OMS. La ansiedad, a unos 301 millones (datos de 2019). Son cifras que dan vértigo, pero también resultan familiares. Casi cualquiera puede imaginar la tristeza persistente o el miedo constante: todos hemos pasado por algo parecido alguna vez. Por eso la depresión despierta empatía con facilidad.
Con el autismo ocurre lo contrario. Afecta a 1 de cada 100 niños en el mundo, según el mismo organismo. Su rasgo central no es un estado de ánimo reconocible, sino una forma distinta de procesar el mundo. Y eso cuesta más de imaginar. No hay una experiencia previa a la que agarrarse. Cuando no se entiende, el autismo se ridiculiza.
Hay otro factor incómodo. Resulta más fácil volcarse con quien percibimos como vulnerable de una manera que nos resulta familiar: el adolescente con depresión. En cambio, un trastorno de personalidad antisocial o narcisista despierta recelo, cuando no burla directa.
La empatía deja de ser un principio y se convierte en una preferencia. Se ayuda solo a quien se puede influir, a quien encaja en la imagen que tenemos de una víctima merecedora. El resto no entra en el reparto. Y quien lo sufre lo nota.
El autismo no se contrae ni se cura. Es una condición del desarrollo. Quien lo tiene no está triste: procesa el mundo de otro modo. Por eso los chistes sobre comportamientos autistas no son un simple chiste. Ridiculizan una manera distinta de existir.
La empatía que solo funciona con lo que ya conocemos no es empatía. Es otra cosa. Si el tema te afecta, habla con un profesional de salud mental.
Ya he hablado de esto…