Robregordo: el pueblo madrileño de 30 vecinos gobernado por una colombiana
En la sierra de Madrid, a 50 minutos de la capital, sobrevive Robregordo, un municipio que apenas suma 30 habitantes censados. Su calle principal, la del Real, es un escenario de silencio absoluto donde un avispón que camina por el suelo se convierte en el acontecimiento del día. La paradoja: la alcaldesa es colombiana, llegada al cargo en lo que algunos llaman "paracaidismo político". Mientras la Comunidad de Madrid roza los 7,1 millones de habitantes, este pueblo se vacía a velocidad de vértigo.
La paradoja del voto: derecha sociológica, PSOE en las urnas
Los vecinos originarios del pueblo explican que, pese a tratarse de un entorno socialmente conservador, en las elecciones municipales sale elegido el PSOE sistemáticamente. El motivo, según la versión local, es impedir que un "oriundo" acceda a la alcaldía. La actual alcaldesa colombiana sería la beneficiaria de ese voto estratégico, aunque no falten las acusaciones de que "es una lagarta", expresión castiza de la zona para referirse a alguien astuto o manipulador.
Un pueblo sin futuro económico
Robregordo no ofrece oportunidades. No hay comercio, no hay actividad económica reseñable. El único aliciente para vivir allí es el silencio y la naturaleza, pero eso no fija población. Los jóvenes se han ido, los mayores envejecen solos. La alcaldesa intenta captar inversiones, pero el declive demográfico parece imparable. El debate se centra en si la llegada de inmigrantes –en este caso, una colombiana al frente del ayuntamiento– es una solución o un mero parche.
¿Espejismo o tendencia?
Robregordo no es un caso aislado. Decenas de pueblos en la España vaciada viven situaciones similares: alcaldes foráneos, votos prestados, y una realidad económica que no da para más. La pregunta que queda en el aire es si la inmigración puede revertir la despoblación, o si simplemente cambiará el perfil de los últimos habitantes sin detener la agonía.
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