Robles reconoce que el CNI avisó y deja en evidencia a Marlaska
La ministra de Defensa ha confirmado lo que hasta ahora era un secreto a voces: los servicios de inteligencia advirtieron de la entrada masiva en Ceuta y trasladaron esa información a las fuerzas de seguridad. Con ese gesto, Margarita Robles ha abierto una brecha en el relato oficial, sostenido por Fernando Grande-Marlaska, que repetía desde el primer día que nadie le avisó de que algo así pudiera ocurrir.
Dos ministros, dos relatos irreconciliables
Marlaska insiste en que “ningún informe permitía atisbar lo que sucedió”. Robles, por su parte, asegura que el CNI hizo su trabajo y que compartió los avisos. Intentaron vendernos la fórmula de que “los dos dicen la verdad”, una acrobacia dialéctica que se sostiene tan mal como el olvido de un informe en un cajón. La interpretación más cínica, pero también la más razonable, apunta a una estrategia de “policía bueno y policía malo”: ella protege a la inteligencia y al ejército, él se lleva el desgaste ante Bruselas y la opinión pública. El problema es que en mitad de ese juego quedaron cientos de personas cruzando la frontera.
Lo sabía hasta el limpiabotas de la frontera
La discusión sobre si hubo aviso o no tiene una dimensión tragicómica. No hace falta un satélite para saber que 50.000 o 80.000 personas no se concentran a 3 kilómetros de una frontera sin que se note. Quien conoce Ceuta lo explica con una comparación simple: es como si en tu misma calle se juntaran 100.000 personas en la acera de enfrente y tú dijeras que no te habías enterado. La broma de que los romanos detectaron a Aníbal sin CNI ni redes sociales no es tan broma. Si la inteligencia española no vio semejante acumulación, habría que disolverla; si la vio y no hizo nada, peor.
Del aviso a la alta traición: el siguiente paso
Lo que en un país normal se resolvería con una comisión de investigación, aquí ha derivado en acusaciones de “alta traición” y peticiones de que la Fiscalía actúe contra los ministros. Son acusaciones sin pruebas, pero sintomáticas del nivel de indignación que ha generado la contradicción. Hay quien ve en la jugada de Robles un movimiento para suceder a Sánchez; quien sospecha un pacto entre los dos grandes partidos para archivar el asunto. Todo queda en un limbo que algunos han bautizado como el “aviso de Schrödinger”: avisó y no avisó al mismo tiempo. Mientras tanto, el único dato objetivo es que el Gobierno sigue sin dar una explicación coherente, y que la pregunta ya no es si mintieron, sino por qué siguen mintiendo.