Roberto Vannacci: el general que quiere robarle la derecha a Meloni
¿Puede un general retirado con un libro superventas y un discurso sin matices hacer sombra a Giorgia Meloni? Esa es la cuestión que agita a la derecha italiana desde que Roberto Vannacci, exgeneral de división del Ejército italiano, decidió convertir su notoriedad en proyecto político. De momento, los datos le dan la razón: su partido, Futuro Nancy, ya ronda el 4,6% en intención de voto, según un sondeo citado por Reuters. No es la conquista de Roma, pero es un incordio con el que la primera ministra tendrá que contar.
Vannacci, de 58 años, no tiene perfil de político profesional. Es un militar con boina y tirantez, que saltó a la fama con «Il Mondo al Contrario», un decálogo de herejías políticamente incorrectas: contra el feminismo de Estado, contra el wokismo, a favor de la familia tradicional y la patria. El libro vendió más de 200.000 ejemplares y le costó un expediente y el apartamiento de su cargo. En lugar de retirarse a tiempo, el general decidió jugar a la política.
La aritmética que preocupa en Roma
El sondeo de Reuters lo sitúa en el 4,6%, a un punto de la Liga de Salvini (5,8%). La amenaza es doble: si Vannacci araña votos a la derecha, Meloni pierde escaños; si negocia su apoyo, puede exigir políticas más duras contra Bruselas. Las elecciones de 2027 serán el examen. Mientras tanto, la Liga y Hermanos de Italia miran de reojo al general.
- Más de 200.000 copias vendidas de «Il Mondo al Contrario»
- 4,6% de intención de voto para Futuro Nancy
- 5,8% de la Liga en el mismo sondeo
- Salida de la Liga en febrero de 2026
- Presentación del partido en junio de 2026
¿Neofascista o producto del sistema?
Hay dos lecturas enfrentadas. Una ve en Vannacci a un nostálgico del orden castrense, con discurso de «sustitución étnica» y patriotismo de cuartel, heredero de una tradición que Italia conoce bien. La otra, más cínica, lo considera un producto manufacturado por los propios medios: lo promocionan como gran amenaza, pero en el fondo no incomoda al poder. Algo parecido se dijo de Meloni, y acabó gestionando los fondos Next Generation mejor que Draghi.
El personaje, analizado en profundidad, es un cóctel de contradicciones: defensor de las genealogías cuando le conviene y negacionista de cualquier condicionamiento biológico cuando no. Sus críticos hablan de un narcisista sectario; sus admiradores, de un hombre sin ataduras. La verdad, como casi siempre, está en el voto.
El factor militar
El rango no da votos, pero da imagen de mando. Sus defensores argumentan que un general sabe rodearse de expertos y tiene visión de conjunto, cualidades que escasean en la política profesional. Los escépticos recuerdan que un ejército se obedece, un país se negocia. La boina, por muchas estrellas que tenga, no se traslada al hemiciclo.
Lo que nadie discute es su capacidad para movilizar al sector más insatisfecho de la derecha: aquel que ve a Meloni demasiado pendiente de Bruselas y a Salvini demasiado pendiente de Moscú. Vannacci llega con el discurso de la «sustitución étnica» y el patriotismo castrense, sin matices ni doble lenguaje. Para muchos, es el espejo donde se mira la derecha que no se atreve a decir su nombre.
Mientras tanto, el general sigue sumando titulares. ¿Amenaza real o ruido de sables? Lo dirán las urnas de 2027. Pero en Italia, donde la política es un deporte de contacto, nunca se sabe: a Meloni ya le comió el terreno una vez la Liga de Salvini, y ahora el enemigo viene de dentro, con boina y charreteras.