Ceuta: cuatro asistentes en un acto de Ruben Gisbert con helicóptero
Lo que iba a ser una demostración de músculo político del agitador digital Ruben Gisbert en Ceuta ha acabado convertido en ridículo histórico: la convocatoria cabía en un taxi. Según las estimaciones de los presentes, había cuatro asistentes, el conductor de un Volkswagen Passat y el propio protagonista, que llegó en helicóptero. El vídeo difundido por el convocante evita enfocar al público y los aplausos finales parecen insertados en la edición.
Una asistencia que no cuadra con la autoimagen
El acto se celebró el mismo día en que Ceuta llegó a acoger tres manifestaciones simultáneas, un contexto que hace más sangrante el resultado. Gisbert cortó el evento antes de lo previsto, sin megáfono ni altavoces, no sin antes cargar contra Vito Quiles e Isabel Díaz Ayuso. La estampa de cuatro personas escuchando un discurso radical sin medios de amplificación es difícil de vender como movimiento social.
La economía de la atención no perdona
Las cifras de audiencia digital tampoco sostienen el relato. Los vídeos del agitador no superan las 100.000 visualizaciones y se mueven entre 20.000 y 40.000, un nivel inferior al de cualquier medio generalista que cubra el mismo tema. Si la influencia se mide en capacidad de movilización, el dato es contundente: cuatro gatos en un taxi, por muy radicales que sean, no son un movimiento. El problema no es solo político; es económico. La industria de la agitación vive de audiencia real, y la audiencia no se fabrica con aplausos de cartón.
¿Cuántos de los seguidores digitales de Gisbert responden a una burbuja de métricas y cuántos son reales? Ceuta no lo responde; solo sugiere que la distancia entre el ruido en internet y la calle es mucho mayor de lo que el relato del agitador admite.