Reyes Romero, Vox y el escrutinio físico a los 58 años
Reyes Romero, vinculada a Vox, tiene 58 años y se ha convertido en blanco de un aluvión de comentarios en los que su físico importa más que su historial. La escena retrata una doble vara de medir que sigue viva: la edad se convierte en un argumento de descrédito, o de elogio, dependiendo de qué lado se mire. Mientras unos la reducen a objeto de deseo, otros se preguntan si ha trabajado en algo, como si el aspecto desmereciera la trayectoria. En este episodio, la política de Vox queda reducida a un cuerpo, y eso es un problema para la discusión pública.
El caso invita a una reflexión incómoda sobre el edadismo y la hipersexualización de las mujeres en la vida pública. A un hombre de 58 años en activo se le presume experiencia; a una mujer se le mide el cuerpo. La conversación, en lugar de abordar su carrera, se centra en si está potente, si ha pasado por quirófano o si mantiene una forma física envidiable. Nada de eso responde a la pregunta de qué propone, qué gestiona o qué representa.
Quizá lo más preocupante no es el comentario soez, sino la naturalidad con la que se acepta que una mujer política sea evaluada como mercancía. Cuando la discusión pública se reduce a eso, todos perdemos. La pregunta incómoda: ¿estaríamos ante esta discusión si Reyes Romero fuese un hombre?