Zona tensionada en Rentería: un año después, cero pisos en alquiler
Rentería (Errenteria) completa un año de declaración como zona tensionada para el alquiler y el balance es tan simple como demoledor: no hay ni un solo piso en oferta en el mercado formal. Exactamente cero. La medida estrella de la política de vivienda ha conseguido lo que suele conseguir el control de precios cuando se aplica sin ampliar oferta: que desaparezca la oferta.
El efecto no es exclusivo de esta localidad guipuzcoana. Basauri, declarado tensionado hace poco, registra el mismo fenómeno. Y la referencia catalana ya había marcado el camino: en Barcelona desaparecieron de golpe el 27% de las viviendas en alquiler tras aplicar el mismo mecanismo, según datos del Incasol citados en el análisis; en el conjunto de Cataluña, Idealista estima que el 65% de la vivienda publicada para alquiler se ha esfumado.
Que no haya anuncios no significa que no haya alquileres. El mercado se ha ido a lo invisible: por el boca a boca, a través de conocidos y recomendaciones, con el temor a la ocupación como argumento principal para no publicitar nada en internet. El resultado práctico es una segmentación brutal. Cuando sale una vivienda, el perfil que la consigue es un funcionario de alto nivel con nómina abultada. El resto —muyer jóvenes o con descendientes, personas con sueldos medios, mayores— se queda fuera por más que pague.
Algunos análisis van más allá y sostienen que el objetivo no es corregir el mercado, sino sostener una base electoral con vivienda cara y escasa. Suena conspiranoide, pero los hechos no ayudan: la declaración de zona tensionada dura tres años y, mientras tanto, se amplían los supuestos de vulnerabilidad que protegen a quien no paga. El propietario asume todo el riesgo y la administración responde con más regulación.
La lección está escrita desde la antigua Roma: los topes de precio no crean vivienda. Rentería lo demuestra con un paroxismo: se acabó el problema del precio porque directamente no hay nada que alquilar.