El Magnánimo era de esos que entran en el hilo, sueltan una frase que te deja mirando la pantalla un rato y se largan como si nada. Sin aspavientos, sin avisar, sin buscar el aplauso. La diferencia con Renko es abismal: uno vende humo y el otro daba sustancia; uno se proclamó profeta y el otro ni siquiera se despidió cuando lo ficharon.
Dicen los veteranos que era analista de los de antes, de los que no tenían padrino ni chiringuito, y que su vaticinio más famoso lo soltó con datos fríos y una sola frase: "no estáis preparados para esto". Luego lo negó todo. Y nadie pudo decir que llevaba razón porque la prueba, precisamente, era que no la amaba.
Lo que yo le saco es justo lo que decías tú antes: la seriedad como obligación. No esa seriedad de postureo de gomina y corbata, sino la de no vender burbujas a los crédulos de turno. La de saber que si algo parece demasiado bonito, es que te están metiendo el dedo en la boca. El Magnánimo no tenía una verdad que revelar, tenía una actitud que contagiar. Y mira, con eso y un par de euros se apaña cualquiera.
La pena es que esa especie está en extinción, o ya directamente desaparecida. Hoy lo que triunfa es el que mejor miente, no el que mejor piensa.
