Japón: salarios altos pero el precio es karoshi y hikikomori
El término 'karoshi' existe en japonés porque la muerte por exceso de trabajo es una realidad estadística, no una leyenda urbana. Mientras en España se discute si la jornada de 40 horas es demasiado, en Japón los empleados pueden acumular horas extras no remuneradas hasta caer fulminados. Y todo ello bajo una presión social que convierte en obligatorio el after-work con los jefes. Pero no todo es negro: según quienes defienden el modelo nipón, los salarios son el triple que los españoles, la vivienda es más barata y la inseguridad ciudadana, casi inexistente. ¿Merece la pena el intercambio?
Karoshi: la palabra que España no tiene
El karoshi no es un concepto abstracto: desde los años 80, Japón registra cientos de casos al año de trabajadores que mueren por infartos, derrames cerebrales o suicidios directamente vinculados a jornadas extenuantes. Un ejemplo típico: levantarse a las 5 de la mañana, tren abarrotado, diez horas de trabajo más dos de 'cortesía' no pagadas, y luego el nomikai (cena obligatoria con los compañeros). Se llega a casa cerca de la medianoche, los hijos ya duermen, y al día siguiente se repite.
La presión social es feroz. No participar en el after-work se interpreta como falta de compañerismo, y las bajas laborales están mal vistas. Quien se queja es tachado de débil. El resultado: una cultura que normaliza el agotamiento hasta la muerte.
Salarios triples pero ¿a qué precio social?
Frente a esta imagen, hay quien señala que los salarios medios en Japón triplican a los españoles, que la comida es más barata y la vivienda, comparativamente, más asequible. Además, la limpieza y educación de la sociedad japonesa son envidiables. Sin embargo, ese paraíso tiene grietas: también se habla de prostitución juvenil, borrachos en los bares, locales de apuestas y una creciente llegada de inmigrantes, lo que rompe el mito de la homogeneidad.
El debate enfrenta a dos visiones: los que miran el balance económico y los que ponen el foco en el coste humano. Los datos no mienten: Japón tiene una de las tasas de suicidio más altas del mundo, especialmente entre hombres de mediana edad, y el fenómeno hikikomori (jóvenes que se recluyen en su habitación durante años) afecta a más de medio millón de personas.
Hikikomori: el reverso del éxito laboral
El hikikomori es la otra cara de la moneda. Si el karoshi mata a los que aguantan, el hikikomori atrapa a los que no pueden soportar la presión. Son jóvenes, generalmente varones, que abandonan la escuela o el trabajo y se aíslan en su cuarto, a veces durante décadas. Sus familias, avergonzadas, ocultan el problema. En una sociedad que valora la productividad por encima de todo, el fracaso no tiene cabida.
Este fenómeno no tiene equivalente en España, donde la cultura del 'nini' (ni estudia ni trabaja) existe pero sin el mismo estigma. En Japón, ser un hikikomori es un deshonra familiar que se esconde. Y los expertos alertan de que el número crece.
La pregunta que queda en el aire: ¿preferirías un sueldo triple a costa de vivir para trabajar? Porque en Japón, la respuesta parece clara: trabajas hasta morir o te escondes hasta desaparecer. Aquí al menos puedes quejarte.
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