Ozempic: cuando se deja, dos tercios del peso vuelven
¿Y qué pasa cuando se suspende la inyección? La evidencia responde con datos incómodos: la mayor parte de los kilos regresa. El ensayo STEP 1, con semaglutida 2,4 mg, mostró una pérdida media del 17,3% del peso a las 68 semanas. Un año después de retirar el fármaco, los pacientes habían recuperado 11,6 de esos puntos: dos de cada tres kilos. Solo se mantienen un 5,6% por debajo del peso inicial.
Lo que desmonta el espejismo
Con tirzepatida (Mounjaro), el ensayo SURMOUNT-4, publicado en JAMA, es aún más claro: pérdida del 20,9% en 36 semanas; los que siguieron bajaron otro 5,5%, los que pasaron a placebo recuperaron un 14%. El 89,5% de quienes continuaron conservaron el 80% de lo perdido. Es decir: el fármaco funciona, pero solo mientras se pincha.
El debate: hábitos, cabeza y negocio
Hay quien sostiene que sin cambio de hábitos el rebote es inevitable. Otros ven el componente mental: ansiedad y estrés como motor de la sobrealimentación. El fármaco reduce también las ganas de beber y fumar, un “efecto secundario” casi tan interesante como la pérdida de peso. En lo económico, el tratamiento cuesta unos 200 euros al mes; si al dejarlo el peso vuelve, el paciente es un cliente de por vida. La industria no tiene prisa por una cura si el crónico es más rentable. Ironía final: la inyección adelgaza, pero no reeduca: cuando desaparece, el apetito regresa.