Las pagas a parados extranjeros crecen 4 veces más que las españolas
El dato es un aldabonazo: en 2025 se ha batido el récord de parados extranjeros cobrando subsidio, y el ritmo de crecimiento de esas pagas cuadruplica al de los españoles. No es una apreciación, es una cifra. Y a esa cifra se le suma otra que dispara las alarmas: los extranjeros mayores de 65 años que llegan a España por arraigo familiar se han multiplicado por 35 en términos relativos, un 3.500% más. Pero antes de que nadie saque la calculadora y la bandera, conviene leer con calma qué hay detrás de ese 3.500%.
El 3.500% que abre la brecha
La cifra exacta, la que ha encendido el debate, es la de mayores de 65 años acogidos al arraigo familiar: un incremento del 3.500%. Son personas que entran por reagrupación, con derecho a residencia y, según la ley, con acceso a las mismas prestaciones que cualquier residente. La cuestión es si ese acceso se produce sin haber cotizado lo suficiente. Los datos disponibles apuntan a que el colectivo se ha disparado en 2025, pero no desglosan cuánto han cotizado estos nuevos residentes antes de percibir subsidio o pensión.
Dos lecturas para el mismo número
Hay quien sostiene que estamos ante un uso instrumental de una figura legal creada para la protección familiar, y que el sistema de prestaciones no está dimensionado para absorber ese flujo sin que el gasto se dispare. En frente, la lectura opuesta recuerda que el arraigo familiar es un derecho y que cualquier residente legal, si cumple los requisitos, tiene derecho a las prestaciones contributivas o asistenciales. El choque no es menor: afecta a la sostenibilidad del sistema, a la percepción ciudadana y al discurso político. Y las redes, como siempre, lo simplifican todo: hay quien ironiza con que «vienen a cobrar paguitas» y hay quien denuncia una campaña de bulos contra la inmigración.
Qué cabe esperar
Si el flujo de mayores de 65 años por arraigo familiar sigue a este ritmo, el debate sobre el acceso a prestaciones no hará más que crecer. Los servicios públicos ya están tensados. La predicción más razonable es que la presión sobre el sistema obligue a revisar los requisitos o a endurecer el control de la cotización previa. Pero mientras no se publiquen los microdatos, cada cual seguirá viendo en la estadística el espejo de sus prejuicios.