Gama media por 100 euros: el Redmi Note 4 y sus rivales
Con 600 euros se compra un LG G6 y con 81, un Redmi 5A. Entre esos dos extremos se libra la batalla del móvil barato, y el balance resulta incómodo para las grandes marcas: por la mitad de precio o menos se cubre casi todo lo que hace falta. La consulta de partida era de manual: un
LG fino antiguo, pantalla justa y memoria saturada de aplicaciones, un presupuesto que rondaba los 100 euros y la sospecha de que los teléfonos se habían encarecido en los últimos años.
La primera respuesta dibujó el mapa. Alrededor de los 100 euros, la gama que ofrecen las operadoras es gama baja, y la gama media real se mueve entre
200 y 250 euros en España, o entre
120 y 150 euros si el aparato se importa desde China. La pregunta, entonces, no era solo qué comprar, sino cuánto estaba dispuesto a jugarse el comprador.
¿Qué móvil comprar por unos 100 euros?
Con ese techo aparecen nombres que no firma ninguna operadora. El Xiaomi 4x, el 4a —adquirido por
89 euros con funda y cristal templado incluidos— o el Redmi 5A, localizado por
81 euros tras una oferta y por 73 en una compra destinada a regalo. La recomendación que acaba imponiéndose es la del Redmi Note 4 en su versión Global: pantalla de 5,5 pulgadas, memoria de 32 GB ampliable y un precio que llegó a rondar los
145 euros con envío desde España.
Para la exigencia concreta —pantalla grande y almacenamiento de sobra— el salto evidente es la unidad de 64 GB, conseguida por
180 euros en China y con entrega en dos días. Los mismos parámetros en una marca generalista disparan la factura. Las versiones globales, además, llegan con la caja en inglés y cargador europeo, un detalle que evita adaptadores y sorpresas de software.
Por qué el Redmi Note 4 se convirtió en la referencia
La ficha técnica explica la fama:
3 GB de RAM, 32 GB de almacenamiento, pantalla FullHD de 5,5 pulgadas, cámara de 13 megapíxeles con sensor Sony o Samsung y una batería de
4.100 mAh que, en uso intenso, dio casi once horas de pantalla. El procesador Snapdragon 625 redondea un conjunto que envejece bien.
La comparación es lo que duele. Un Moto G5 Plus, con menos pantalla, menos batería y el mismo procesador, costaba
280 euros; un Samsung, Nokia, LG o Sony de prestaciones similares se va a los
350 o 450 euros. En el extremo opuesto, un LG G6 rebajado a 380 euros hace fotos que están en otra dimensión, y quien lo comparó con un iPhone 6 sostiene que las imágenes salen más nítidas.
Ahí se abre la grieta. Hay quien defiende que ese Xiaomi es el mejor teléfono calidad-precio del momento y quien recuerda que las fotos
para toda la vida se siguen jugando en otra liga de precio. Y el propio término
lonchafinista admite lecturas: para unos se mide en euros, para otros en prestaciones que duran.
Aduanas: por qué unas veces pagas y otras no
Es la lotería que nadie explica bien. Un mismo vendedor, un mismo tipo de envío y dos desenlaces distintos: un pedido pasa sin recargo y un segundo terminal, un Redmi 5A de 73 euros, acaba con cargo de aduanas. La retención se produce cuando les viene en gana, y da igual que el paquete se declare como regalo o que el precio marcado quede por debajo del máximo exento.
Existe una vía que elimina el problema: las tiendas que operan con almacén en España. Comprar por ese canal evita la aduana y entrega en 48 horas, a cambio de un catálogo más corto.
El riesgo de comprar barato en China
No todo es ahorro. La crítica más repetida apunta a las tiendas que tocan el software antes de enviar el terminal y al coste real de cualquier avería: entre el viaje a China, la reparación y la vuelta, el comprador puede quedarse más de mes y medio sin teléfono. Hay quien prefiere pagar 40 euros más y dormir tranquilo con la garantía, y quien lo compensa pagando por PayPal para no pelear por una devolución.
Hay dos advertencias que se repiten. La primera, huir de los procesadores Mediatek, que dejan terminales anclados en versiones antiguas de Android. La segunda, desconfiar de marcas con historial de soporte escaso. También la capacidad de batería engaña: no siempre más miliamperios dan más autonomía, y un aparato de 4.000 mAh bien optimizado rinde mejor que otro sin actualizar de 10.000 mAh.
Xiaomi aprieta y las marcas generalistas responden
El fabricante chino no se queda quieto. Anunció la apertura de una tienda física en Madrid, lo que acerca el móvil barato a quien no quiere líos de importación, y sus terminales siguen recibiendo versiones nuevas de Android mucho después de salir al mercado.
El ecosistema se ha vuelto tan competitivo que opciones como el Lenovo Vibe P2 —dual SIM, lector de huellas, 4 GB de RAM y batería de 5.000 mAh por
170 euros— o el Xiaomi Mi A1 con Android puro por debajo de los 180 euros dejan sin argumentos a quien sigue pagando 600 por costumbre.
Con estos precios, la pregunta ya no es si merece la pena un móvil de gama media barata, sino qué se está pagando de más en cada factura de operadora.