Banesto cotiza a 2,2 € frente a los 19 € de 2007: la tesis del rebote
Comprar acciones de Banesto a
2,2 euros cuando en 2007 costaban
19 es, sobre el papel, la oportunidad de la década. Y sobre el papel conviene dejarla un rato. La entidad acumula cinco años de caída sostenida, el Banco Santander controla más del
90 % de su capital y su cotización está muy por debajo del valor que la propia entidad declara en libros. Tres hechos. La conclusión que suele extraerse de ellos admite bastantes matices.
El cálculo: 1.500 millones de capitalización contra 5.460 de patrimonio
La aritmética que sostiene la tesis alcista es sencilla y está sobre la mesa. Banesto tenía
687.386.000 acciones valoradas a unos 2,2 euros: unos
1.512 millones de capitalización bursátil. En 2007, con 694.330.000 títulos a 19 euros, la misma cuenta daba
13.192 millones. La diferencia no está solo en el precio.
A 30 de junio de 2012 la entidad declaraba
102.887 millones de euros en activos y un patrimonio de
5.460 millones. Es decir, el mercado la valoraba por menos de un tercio de lo que dice tener en libros. De ahí a concluir que hay un descuento aprovechable media un trecho: nadie garantiza que ese patrimonio sea líquido ni que acabe repartiéndose entre los accionistas minoritarios.
Banesto no amplió capital: la banca que no diluye
Hay un detalle que separa a Banesto de casi todo el sector. En los últimos diez años recortó su número de acciones en casi
7 millones, mientras la mayoría de entidades ampliaba capital y diluía a sus accionistas. Bankinter, por ejemplo, sumó
131 millones de títulos. Menos papel en circulación significa que cualquier recuperación del beneficio se reparte entre menos manos.
Ese argumento tiene una cara B. Si el valor no amplía es porque no lo necesita, o porque su matriz prefiere resolver las carencias por otra vía. Ninguna de las dos explicaciones tranquiliza por igual.
Por qué Banesto sube un 1 % y Caixabank un 32 % desde mínimos
Aquí el dato descoloca. A principios de febrero de 2012 Caixabank y Banesto cotizaban ambas en torno a
4,10 euros. Meses después las dos rondaban los
2 euros. Desde ahí, Caixabank rebotó un
32 %, Bankinter un
21 % y Banesto un
1 %. Tres entidades, mínimos parecidos, comportamientos opuestos.
El razonamiento es que Banesto se descolgó del sector: empezó a bajar el
21 de marzo de 2012, cuando el resto llevaba tiempo corrigiendo, y no acompañó el rebote que la mayoría de bancos inició el
1 de junio. Durante la década anterior su precio había estado casi siempre por encima del de Bankinter, hasta ese tramo final. La comparación, en fin, es la coartada perfecta de cualquier tesis: siempre hay un gráfico que la sostiene.
¿Por qué hay tan pocas acciones a la venta de Banesto?
Porque el dueño tiene casi todo. Con más del 90 % del capital en una sola mano, lo que queda en el mercado es un residuo. En los peores momentos se veían órdenes de venta de
126, 109 o 677 títulos en un valor con más de 687 millones de acciones. Para un banco, eso es
calderilla.
La lectura alcista sostiene que esa escasez de papel impide comprar barato a quien quiera entrar y que, cuando llegue la demanda, el precio tendrá que subir. La contraria es más prosaica: si hay tan poco negocio, tampoco hay compradores. La liquidez escasa es un arma de doble filo.
¿Se avecina una OPA de exclusión sobre Banesto?
Es el escenario que explica por qué algunos días el valor se dispara. Llegó a subir un
14,3 % en una sola sesión entre rumores de una operación para sacarla de bolsa. No es una hipótesis descabellada: cuando un grupo controla más del 90 % de una filial cotizada y el capital flotante es mínimo, excluirla es la salida natural.
Que sea la salida natural no significa que vaya a ocurrir, ni cuándo, ni a qué precio. Aquí el pronóstico se agota. No hubo comunicación oficial y una operación de ese tipo se paga, precisamente, lo menos posible.
El riesgo que no está en el descuento sobre libros
El argumento más incómodo no discute los números, discute quién manda en ellos. Si la matriz necesita recursos, tiene instrumentos para mover el beneficio de la filial hacia casa —precios de transferencia u otros— y dejar a los minoritarios con la parte bonita del balance y ninguna de la caja. La filial cotizada de un grupo grande compite siempre con los intereses del grupo.
Frente a eso, el sector entero arrastra el mismo descuento y la misma desconfianza contable. Que Banesto sea el más castigado puede ser una oportunidad o puede ser un aviso. Lo segundo también cotiza.
La tesis tiene números, no certezas. Si el Santander decide que la marca ya no le aporta nada, los 19 euros de 2007 serán una anécdota de la memoria anual y el resto, una operación corporativa más. Si decide mantenerla y el mercado vuelve a mirarla, quien haya comprado cerca de los 2 euros tendrá motivos para celebrarlo. Entre una cosa y la otra manda alguien que no da explicaciones.