Sánchez: ¿golpe blando o exploit constitucional?
Ocho años de legislatura, tres presupuestos aprobados, gobiernos por decreto y una reforma del censo electoral que levanta sospechas. El debate sobre si Pedro Sánchez está forzando la Constitución hasta el límite —o simplemente explotándola como nunca— divide el análisis político.
La Constitución como hack
Hay quien sostiene que Sánchez ha convertido el texto de 1978 en un campo de juego sin reglas. Gobernar sin presupuestos, modificar leyes vía real decreto sin respaldo parlamentario, o impulsar regularizaciones migratorias por vía administrativa serían ejemplos de una deriva que algunos califican de "golpe de estado blando". La comparación con los errores de la II República aparece como advertencia.
Frente a esto, otra corriente argumenta que todas esas acciones se mantienen dentro del marco constitucional. Simplemente, el sistema fue diseñado con controles insuficientes y Sánchez ha sido el primero en explotar cada resquicio. "Si diseñas un sistema sin límites, los que llegan lo aprovechan", resumen los partidarios de esta tesis. El problema no sería el actor, sino la arquitectura.
Presupuestos y decreto: el pulso al control
Un dato concreto: en ocho años solo se han aprobado tres presupuestos generales. La Constitución no contempla expresamente gobernar sin presupuestos ni convertir el decreto en norma habitual, pero tampoco lo prohíbe con claridad. El Tribunal Constitucional, en varias ocasiones, ha avalado estas prácticas, lo que para algunos supone un "lavado de dinero" de lo que consideran una deriva.
La figura de Cándido Conde-Pumpido, presidente del TC, es citada como el "auténtico catalizador" de esta manera de entender el control constitucional. La pregunta que queda en el aire: ¿estamos ante un genio institucional que ha llevado la lógica del sistema hasta sus últimas consecuencias, o ante un vaciamiento democrático que la Constitución no supo prever?