Mundial de 48 selecciones: cuando la cantidad sepulta la calidad
Dieciséis equipos más, decenas de partidos adicionales y un puñado de duelos realmente interesantes. Con el próximo Mundial de 2026 ya en formato de 48 participantes, el debate sobre si el torneo necesita tantas selecciones se ha avivado. El calendario de la primera fase, analizado a fondo, deja solo tres o cuatro partidos con cierto equilibrio: Brasil-Jovenlandia, Inglaterra-Croacia, España-Uruguay, y poco más. El resto son enfrentamientos con selecciones como Irak, Curazao o Cabo Verde que, con el formato anterior de 32, habrían sido noticia por su mera clasificación. Ahora son relleno.
La historia se repite: de 16 a 24, de 24 a 32, y ahora a 48
La FIFA ha encontrado en la ampliación una fórmula infalible para generar ingresos a costa del espectáculo. Cada vez que el torneo crece, se diluye el factor sorpresa y se multiplican los partidos de trámite. La sensación entre los aficionados es que el Mundial se convierte en una competición de masas donde lo extraordinario –clasificar un equipo de una federación modesta– pasa a ser moneda corriente. La clasificación de Jordania, Curazao o Cabo Verde ya no sería una gesta: sería un billete más en un bombo inflado.
Un debut para olvidar: el vídeo que resume la calidad
Corre por las redes un vídeo de un fallo segarro durante un partido entre Uzbekistán y Canadá –posibles debutantes– que se ha convertido en el emblema de la nueva era. Una vaselina que se va fuera, defensas que chocan entre sí, un portero que despeja mal y un delantero que remata como si jugara en otra categoría. La jugada lo tiene todo: errores técnicos graves, falta de concentración y un nivel que difícilmente estaría a la altura de una fase final. La conclusión de muchos es que el fútbol de élite no puede permitirse estos regalos, y que la ampliación solo multiplicará las situaciones grotescas.
El siguiente paso, según la lógica de la FIFA
Si 48 selecciones ya parecen excesivas, no falta quien aventura que el siguiente Mundial será de 64. La pogre aritmética de la FIFA es implacable: mientras haya confederaciones que presionen y países que paguen por estar, el bombo seguirá creciendo. La clasificación para el torneo se ha convertido en un trámite para muchos equipos que antes se lo tomaban como una odisea. Incluso hay quien propone eliminar directamente las fases de clasificación y que vayan todos. Con 48 equipos, la linea que separa un mundial de una gira de exhibición es cada vez más fina.
Ironías aparte, los datos cantan: solo cuatro partidos atractivos en toda la primera fase. El resto, morralla. La FIFA defiende que la ampliación da oportunidades a países con menos tradición, pero el espectador se pregunta si merece la pena pagar el precio de una competición desinflada. El Mundial de 2026 será la prueba de fuego: o el fútbol demuestra que 48 equipos pueden dar un torneo vibrante, o se acabará confirmando que menos es más.
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