Quiero ser carpintera: «Hay autónomos que facturan lo que quieren porque la cola de clientes llega hasta el monte»

Dos jóvenes estudiantes de carpintería trabajando con madera en el taller del centro de Formación Profesional de Barakaldo
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Dos jóvenes de Bilbao cambian la estética por el taller de carpintería Sara Zouhair y Adriana Romero, bilbaínas de 18 y 19 años, terminaron una FP de Belleza y Estética y este verano han arrancado el Grado Medio de Instalación y Amueblamiento en el centro integrado de Formación Profesional Barakaldo LHII. Cambian brochas por martillo y formón.

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Sara Zouhair y Adriana Romero han dado el salto desde una FP de Belleza y Estética a un Grado Medio de Instalación y Amueblamiento​



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Sara Zouhair y Adriana Romero en el taller del centro integrado de Formación Profesional Barakaldo.(Mireya López)

Sergio Llamas

Bilbao
02/11/2026Actualizado a las 07:43h.

Giro de 180 grados a su trayectoria profesional. Sara Zouhair y Adriana Romero, bilbaínas de 18 y 19 años, han cambiado este verano las brochas de maquillaje por el martillo y el formón. Tras completar una FP en Belleza y Estética, las dos jóvenes han dado el salto al Grado Medio de Instalación y Amueblamiento que enseña carpintería en el centro integrado de Formación Profesional Barakaldo LHII. «En casa sorprendió», reconoce Sara, que al principio llegó a ocultar la decisión a su padre, peluquero de profesión. «El se había ofrecido a abrirme mi propio centro de estética pero a mí lo que me llamaba era esto», confiesa. De hecho, asegura que su progenitora ya lo había notado. «Sabía que me interesaba mucho el diseño y que estoy muy 'viciada' mirando todo el tiempo cosas de decoración», admite.

El salto de Adriana se debe más a su contacto con el mundo laboral. Le atraía la cosmética pero no terminó de convencerla cómo vio el sector. «Es algo que me gusta, pero no para trabajar de ello», admite. En su segundo año de formación empezó realizando limpiezas faciales. Pronto llegó a la conclusión de que las condiciones laborales no le terminaba de compensar, sobre todo con unos horarios que la ocupaban toda la jornada. «En mi casa se lo tomaron de aquella manera. Me preguntaron que si iba a estar cambiando de profesión todo el tiempo, pero creo que parte de su rechazo era porque tenían una imagen anticuada de lo que es un taller», explica.

Y es que la profesión de carpintero ha cambiado mucho. La llegada de las máquinas de control numérico está agilizando muchas tareas pesadas al automatizar gran cantidad de procesos -hay muchos profesionales que ya recogen las piezas ajustadas a sus diseños en los propios almacenes- y la profesión tiene un punto creativo que atrae mucho a las dos jóvenes. Aunque todavía el curso acaba de arrancar, Adriana reconoce que ya se empieza a ver diseñando su propio mobiliario. Uno de los retos que tienen para finales de este curso es crear una silla de cero y ella ya le está dando vueltas a su proyecto. «Me la puedo imaginar», dice con las manos en alto. «Creo que le voy a poner pelos».

En realidad fue el proyecto que realizan los estudiantes de segundo lo que terminó de darles el empujón cuando visitaban las instalaciones del taller. Tienen que fabricar una casa con todo lo que tiene dentro planificando los muebles, su ubicación, los materiales… algo que les permite explorar las diferentes salidas profesionales, desde la instalación de estructuras a la carpintería en empresas, el montaje de muebles, realizar ajustes y reparaciones o el diseño de piezas. «Lo que yo hacía en estética eran las uñas, pero cuando vi la casa que estaban montando aquí, supe que era mi sitio», apunta Sara.

Falta relevo generacional​

Y lo cierto es que las dos han acabado en un sector donde no faltan oportunidades. El responsable del departamento, Juan Muro, advierte sobre la escasez de mano de obra que está dejando la jubilación de los carpinteros de toda la vida. «No hay un relevo generacional. Cada dos semanas tengo alguna empresa llamándonos para encontrar gente cualificada», advierte.

A nivel salarial, depende mucho de los perfiles. «En carpintería cada uno hace la guerra por su cuenta: algunos trabajan en pymes, otros en almacenes y hay gente autónoma que puede facturar lo que quiera porque tiene una cola de clientes que llega hasta el monte», explica. Por buscar una referencia, Lanbide publicó la semana pasada un anuncio para un carpintero y montador de muebles con seis meses de experiencia que ofrecía 25.000 euros anuales de salida.

Sin embargo, lo que más atrae a los jóvenes son los horarios que se vienen aplicando. «Cada vez hay más empresas que están aplicando jornadas intensivas de 7.00 a 15.00 horas», detalla Muro, una ventaja a la que tanto Sara como Adriana reconocen dar más valor para poder conciliar la vida personal con la laboral. A esto añaden la importancia que tiene la estabilidad que ofrece el sector por su alta demanda. «Y porque esto no lo va a poder hacer la IA», añaden.

Aunque al responsable del departamento le sorprendió la llegada de dos estudiantes de estética -lo de que sean chicas ya no impacta tanto en el sector, hay cinco en una clase de 22 alumnos-, pone en valor que llegaran de una Formación Profesional donde muchas veces ve más «actitudes» para el tipo de perfiles que demandan las empresas. «Aquí hay gente que llega rebotada de la educación reglada, deja los estudios y no quiere estar seis horas en la clase», explica. También advierte un pequeño perfil de gente que llega a la carpintería a una edad más adulta. «Tuvimos hace dos años a un arquitecto de 49 años que estaba harto de estar metido todo el día en una oficina y quería taller y movimiento y este año hay un jubilado en clase que trabajaba en el área de mantenimiento de un hospital», ejemplifica Muro.
 
Ya bueno, cuando tengan que cargar con maderos, vigas, puertas y demás que pesan el doble que ellas veremos si entienden por qué no hay relevo generacional para algo que se gana tanta pasta.
En cuanto vean los salarios tercermundistas, y si no que se monten un taller, aunque hay que invertir mucha pasta
 
Creo que su plan de negocio es contratar a un carpintero recién llegado que les haga los encargos (hasta que se dé cuenta del tema).

También veo probable que, dado el talento natural que muestran, encuentren en breve un modus vivendi alternativo bastante más tranquilo.

Por cierto, Adriana Romero rima con Carpintero. Ahí lo dejo.
 

Obviamente solo está posando, con el soldador desconectado. Como esta otra, que comentó que ese fue el primer y último momento que agarró un fusil:
 

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