¿Desaparecerán las oposiciones memorísticas con la llegada de la IA?
En 2024, un juez español memoriza 300 temas de memoria literal durante años para obtener una plaza, mientras cualquier ciudadano puede consultar en segundos el mismo contenido con una herramienta de inteligencia artificial. La pregunta sobre si la IA acabará con las oposiciones memorísticas no es técnica, sino política y cultural. El debate, que lleva años latente, ha resurgido con fuerza ante la progresiva implantación de sistemas de IA en la Administración.
El sistema de oposiciones: ¿medir conocimiento o filtrar obediencia?
Un sector del análisis sostiene que las oposiciones memorísticas no están diseñadas para evaluar conocimientos, sino para seleccionar a personas con alta capacidad de esfuerzo y sumisión. La memorización durante años actúa como un rito de paso que garantiza que el aspirante está dispuesto a aceptar reglas arbitrarias sin cuestionarlas. Quienes defienden este modelo argumentan que la memoria es un ejercicio cognitivo complejo que demuestra inteligencia, pero sus críticos replican que se trata de un sistema que premia la repetición mecánica y desincentiva el pensamiento crítico.
IA en la Administración: herramienta o amenaza para el empleo público
El uso de la IA en el ámbito legal ya es una realidad: jueces y abogados la emplean para agilizar trámites y buscar jurisprudencia. Sin embargo, los modelos actuales de lenguaje alucinan con frecuencia, lo que limita su aplicación sin supervisión humana. Aun así, la capacidad de la IA para procesar y recordar información supera con creces la humana. La paradoja es que mientras los ciudadanos pueden acceder a respuestas legales instantáneas, los opositores deben invertir años en memorizar temarios que la IA puede replicar en segundos.
La resistencia al cambio: intereses creados y economía política
Detrás de la pervivencia del modelo memorístico hay un potente sustrato económico y político. Las oposiciones mantienen a millones de personas ocupadas durante años, reducen el paro registrado y fidelizan un voto cautivo. Además, quienes ya han superado el proceso tienden a defenderlo como justo. Cualquier reforma chocaría contra el inmovilismo de los sindicatos, la inercia burocrática y el miedo a perder un sistema que, aunque imperfecto, garantiza cierta igualdad de oportunidades.
Por ahora, el único consenso es que la inercia del sistema es tan poderosa que probablemente la IA llegue antes a las aulas que a los tribunales de oposición. La pregunta que nadie responde: ¿cuánto tiempo puede una sociedad permitirse seleccionar a sus funcionarios con un método que premia la memoria sobre el criterio?
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