El guion apocalíptico: Ceuta, Melilla y la independencia relámpago de Cataluña
España se desintegra este agosto. O al menos eso sostiene un relato que circula con fuerza en el ruido digital: Marruecos se anexiona Ceuta y Melilla este fin de semana, Cataluña declara la independencia antes de que termine el mes y el resto de la estructura del Estado salta por los aires.
La secuencia tiene su coherencia interna, y por eso asusta a quien le presta atención. Si el ejército español no es capaz de defender las plazas africanas, ¿qué hará ante una declaración unilateral en Barcelona? El argumento no necesita más desarrollo: si cedes ante Marruecos, cedes ante los independentistas. El guion añade un supuesto factor demográfico: se repite que en Cataluña residen dos millones de ciudadanos de origen marroquí, una cifra que se ofrece sin respaldo documental y que se presenta como un mecanismo de activación instantánea.
Lo llamativo es que el catastrofismo no se detiene en Cataluña. Se da por hecho que Israel quiere la “joya de la corona” y que el País Vasco seguirá el mismo camino en 2027. Nadie explica por qué Israel estaría interesado en semejante dolor de cabeza, ni cómo se financiaría la secesión vasca. En medio de tanta profecía, algunos optan por el humor: si los catalanes están de vacaciones en Soria el 11 de septiembre, la independencia tendrá que esperar al Diada.
La previsión más razonable, con reservas: la teoría quedará en anécdota veraniega, pero el trasfondo, la percepción de debilidad del Estado y su relación con el procés, seguirá alimentando escenarios tan improbables como contaminados. Si algún 1 de agosto se cumpliera, sería la noticia económica del siglo. No parece que estemos cerca.