440 euros al mes en comida de oficina: el coste de los empleos de baja productividad
Miles de empleados de oficina se gastan cada día entre 15 y 20 euros en desayunos, cafés, snacks y comidas fuera de casa. Una cifra que, anualizada, supera los 5.000 euros, y que pone en cuestión tanto la gestión del gasto personal como el valor real de muchos puestos de trabajo corporativos. El fenómeno, popularizado por vídeos de jóvenes profesionales que muestran su día a día en la oficina, ha reabierto el debate sobre la productividad y la amenaza de la automatización.
La cuenta de la compra en la oficina
El cálculo es demoledor: 20 euros por jornada, 22 días al mes, son 440 euros. A eso se suman los fines de semana y las cenas fuera, lo que eleva la factura mensual de alimentación a cerca de 900 euros, según estimaciones de analistas. En ciudades como Barcelona, donde el alquiler medio ronda los 900 euros, el sueldo neto de una empleada de oficina (estimado en unos 24.000 euros brutos anuales) quedaría prácticamente absorbido por vivienda y comida, dejando apenas 300 euros para ocio y ahorro. La pregunta que surge es: ¿cuánto de este gasto es necesario y cuánto es puro ritual aspiracional?
El trabajo que no produce nada
El antropólogo David Graeber estimó que el 40% de los empleos de oficina son «bullshit jobs»: trabajos que los propios ocupantes consideran inútiles. La diferencia es que ahora se graban en TikTok. Los vídeos muestran largas pausas para comer, múltiples cafés y recorridos por la oficina que difícilmente cuadran con una jornada productiva. No es que estas personas sean haraganas; es que muchas tareas administrativas tienen un valor añadido cercano a cero. La gestión de procedimientos repetitivos, las reuniones sin agenda y los informes que nadie lee son la norma en muchas empresas.
La IA ya está llamando a la puerta
El argumento de que la inteligencia artificial acabará con estos puestos cobra fuerza. Los agentes de IA no necesitan pausas para el café, no comen ni piden bajas. Donde ahora hay un equipo de cinco personas gestionando 800 procedimientos al año, un algoritmo puede hacerlo en minutos. Las primeras oleadas de sustitución están afectando a teletrabajadores y puestos basados en datos. Quien solo toma decisiones menores o actúa como intermediario entre departamentos verá su rol amenazado. La ironía es que, cuando desaparezcan, nadie notará la diferencia en la producción real.
El dilema del consumo
Pero hay una trampa. La economía actual necesita que esos sueldos de baja productividad circulen para mantener el consumo. Si la IA elimina 400.000 puestos de oficina, el dinero que gastaban en cafés, restaurantes y alquileres se evaporará. El ahorro para la empresa será el empobrecimiento del barrio. No es fácil conciliar la eficiencia con la demanda agregada. Mientras tanto, las «corpo girls» seguirán desayunando ensaladas de 8 euros, quizá sin saber que su propia existencia laboral pende de un hilo algorítmico.