Zuckerberg levanta un búnker de 465 m² en la isla de Hawaii
Un refugio subterráneo de 465 metros cuadrados, con puerta blindada y refuerzos de hormigón y metal. Sobre el papel, el búnker perfecto. El detalle incómodo es dónde está: Hawaii, una isla volcánica en medio del Pacífico, con riesgo de tsunamis y en el flanco más caliente del tablero geopolítico. Al propietario de Meta le sobra dinero para comprar casi cualquier parcela del planeta. Ha escogido esa.
El búnker de Zuckerberg en Hawaii no es un agujero aislado. Los datos que han ido publicando distintos medios describen varias mansiones en superficie conectadas al refugio por túneles, recintos de todo tipo y un entorno amurallado y cerrado. El conjunto está pensado para ser autosuficiente, con tanques de agua propios, grandes superficies para el cultivo y terrenos para ganadería. Y con puertas secretas, algunas diseñadas para integrarse con las paredes.
Qué hay dentro: de la puerta blindada a las casas voladoras
El diseño mezcla lo funcional y lo lúdico sin pudor. Junto a las medidas de seguridad y privacidad, se han descrito lujos que poco tienen que ver con sobrevivir a una hecatombe: spas, gimnasios, varias piscinas, saunas, una cancha de tenis y áreas de descanso. Sobrevivir, pero
con albornoz.
El detalle más llamativo son las
11 casas en los árboles con forma de platillo volador, conectadas entre sí por puentes de cuerda. Conviven con refuerzos de hormigón y con puertas resistentes a explosiones. Quien tiene acceso a un presupuesto ilimitado puede permitirse las dos cosas, aunque no encajen del todo.
¿Por qué Hawaii es una mala idea como refugio?
Porque acumula tres riesgos que un preparacionista evita por instinto. Es geológicamente inestable, con volcanes. Está expuesta a tsunamis, y algunas descripciones del complejo lo sitúan en la propia playa. Y queda en el área Asia-Pacífico, la zona más expuesta a un choque entre potencias.
El razonamiento que circula es sencillo: Hawaii es territorio estadounidense, así que en caso de guerra no recibiría tantos misiles como Washington, Los Ángeles o Nueva York, pero alguno caería. Bastaría ese para dejar el refugio convertido en un sarcófago caro.
La alternativa que se apunta, medio en broma, es trasladarlo a Calasparra. Contra ese argumento cabe alegar que quien maneja esa información quizá sabe algo que el resto ignora. O que, simplemente, le sobra el dinero y el capricho.
La moda: no es el único millonario que se prepara
Zuckerberg no está solo. Se apunta que varios millonarios están levantando refugios parecidos para lo que pueda venir, y hay quien admite que él también lo haría si tuviera esos recursos. La comparación que se hace es con otras modas de adinerados: en la pandemia, los búnkeres de famosos ocuparon titulares igual que ahora.
La lectura cínica es la más repetida: con dinero de sobra, cualquier excentricidad es posible. La lectura menos cínica entiende que quien construye un refugio de este tipo teme un desastre humanitario de escala global. Entre la excentricidad millonaria y la paranoia informada hay un trecho que nadie recorre del todo.
Del búnker al mapa de Corea del Norte
La conversación tomó después un desvío que, en apariencia, no tiene nada que ver. Y no lo tiene. Pero sirve para medir el ambiente de fondo: la sensación de que el orden internacional se deshace. Según los extractos que reproduce uno de los participantes en el hilo, la televisión norcoreana empezó a usar el mapa de la RPDC en lugar del mapa unificado de Corea, que era el gesto habitual. Traducido: no solo las bases estadounidenses, sino toda Corea del Sur, pasan a ser objetivo. La hermandad, oficialmente, se terminó.
Kim Jong Un lo formuló, según esa misma fuente, ante los miembros de la Asamblea Popular Suprema y de su Presidium el pasado día 15, en una intervención extensa. El modelo que se había manejado otras veces era un sistema confederal: un país con dos sistemas político-económicos, cooperando sin enemistades, algo que el Norte y el Sur habrían acordado en 3 ocasiones. Ese escenario se compara con la reunificación de Vietnam en 1975. Las posturas sobre quién empuja a quién —si el Norte por su modelo, si Estados Unidos por su influencia en la zona— están lejos de cerrarse.
El refugio que se hace público deja de ser refugio
Aquí está la contradicción que atraviesa toda la discusión. Un refugio sirve, precisamente, mientras nadie sepa dónde está. Publicarlo en todas partes lo convierte en un objetivo conocido. Un búnker con puerta blindada, piscina y sauna es también un punto en el mapa que mucha gente puede localizar.
Ese es el punto que más se repite: tenerlo y anunciarlo resultan casi incompatibles. Quien se prepara para el fin del mundo no suele invitar a la prensa a fotografiar la entrada. Al menos, no si cree de verdad que el fin del mundo va a llegar.
Con semejante combinación de dinero, lujos y geología adversa, la duda no es si el búnker resistiría una hecatombe. La duda es para qué cree su dueño que lo necesita.