La España tardofranquista: un 0,46% de inmigrantes y una anécdota estadística
En 1975, España era un país de homogeneidad demográfica abrumadora. Con 35,9 millones de habitantes, los extranjeros con permiso de residencia apenas alcanzaban las 165.000 personas —un 0,46% del censo—. La mayoría, británicos, franceses, alemanes y estadounidenses, según los datos que Google AI ha rescatado de la época. La cifra contrasta brutalmente con el 16% actual y sirve para medir cuánto ha cambiado el país en medio siglo.
Sin embargo, si se incluye a la población gitana —una minoría con siglos de arraigo pero a menudo invisibilizada—, el porcentaje de no españoles étnicos sube al 1,2-1,3% (unos 250.000-300.000 gitanos). Pero ojo: los gitanos eran y son españoles de pleno derecho. La discusión sobre «extranjeros» debe separar ambos conceptos.
La anécdota que lo explica casi todo
A mediados de los 70, en pleno furor descolonizador, una delegación de la Organización para la Unidad Africana (OUA) visitó Canarias para comprobar la situación de la población negra en las islas. En Tenerife había menos de 40 personas: estudiantes guineanos y seminaristas becados en La Laguna. Sin opresión que documentar, la comisión se fue por donde había venido. En 1995, la cifra seguía siendo residual. Una metáfora de la España que, salvo ceutíes, melillenses y algún colectivo muy concreto, apenas conocía la inmigración.
Hoy, con el debate migratorio otra vez en el centro, aquellos números parecen de otro planeta. Pero también recuerdan que la España homogénea fue una excepción histórica, no la norma.
(Artículo basado en datos de estimaciones de IA y testimonios de la época.)
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