La bañera sobre ruedas: cuando la ingeniería popular desafía a Elon Musk
En un patinete eléctrico, con una bañera de 30 kilos sobre la cabeza, un conductor improvisa un vehículo que desafía cualquier norma de tráfico. La imagen, difundida en redes sociales, ha desatado un debate sobre la doble vara de medir de las autoridades: mientras a un trabajador autónomo se le multa por una luz fundida, este 'ingeniero popular' circula impune. El vehículo, según fuentes, iba a ser homologado en la ITV —o como lo llaman algunos, ITB—, pero lo cierto es que la policía parece tolerar estas 'artesanías' mientras no impliquen a conductores blancos.
El coste de la improvisación
La bañera, valorada en 10 euros en un desguace, se convierte en el elemento más llamativo de un vehículo que, según los cálculos, no supera los 30 km/h —justo el límite en zona urbana, aunque algún comentario apunta que le vieron a 31 km/h en zona de 30. La carga útil, que no puede almacenarse en otro lugar, demuestra una creatividad que algunos tachan de 'ingeniería inversa' de los cursos de integración. Pero el verdadero debate es económico: ¿cuánto cuesta realmente la tolerancia selectiva?
Dos pesos, dos medidas
Un sector del análisis apunta que la pasividad de las autoridades con estos vehículos improvisados contrasta con la persecución a conductores 'remeros' —aquellos atados a una nómina— por infracciones menores como una luz de matrícula fundida. Otros argumentos señalan que esta permisividad es el resultado de una política que premia la 'integración' a cualquier precio, incluso si implica circular con una bañera sobre un patinete. La pregunta que nadie responde es: ¿qué pasaría si un ciudadano 'de toda la vida' hiciera lo mismo? La respuesta unánime es que acabaría en la guandoca o haciendo trabajos a la comunidad.
El ingeniero que no necesitamos
Mientras Elon Musk diseña cohetes reutilizables, en las calles españolas surgen ingenieros de andar por casa que convierten un patinete en un sidecar con bañera. Algunos lo comparan con los 'Autos Locos' de la televisión, otros con las prácticas de países en vías de desarrollo. Pero lo cierto es que el diferencial de coste entre un vehículo legal y esta improvisación es abismal: ¿cuánto ahorra realmente el conductor? La pregunta abierta es si la Administración está dispuesta a regular o si prefiere mirar hacia otro lado mientras la selva toca a la puerta.
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