Los phablets pasan de invento absurdo a un 20% de los móviles vendidos
El primer diagnóstico fue tajante: un teléfono de cinco pulgadas no servía ni como móvil ni como tableta. Demasiado grande para el bolsillo, demasiado pequeño para reemplazar una pantalla táctil de siete. Ese fue el punto de partida. El de llegada es otro: según los datos de reparto que se citan en el debate,
uno de cada cinco teléfonos despachados en el mundo ya es un phablet. El mercado no solo no ha enterrado el formato; lo ha convertido en tendencia.
¿Qué es un phablet y por qué el término se quedó viejo?
Un phablet es un híbrido entre teléfono y tableta, con pantallas que arrancaron en
5 pulgadas y hoy rondan las 5.5. La etiqueta nació al calor del Samsung Galaxy Note, que aterrizó con 5.3 pulgadas, y de rivales como el Sony Xperia Z Ultra. La definición clásica fijaba esa frontera cuando el mercado miraba con recelo cualquier cosa por encima de cinco.
El problema es que la frontera se movió. Los Galaxy S4 y Nexus 5, gama alta convencional, ya vienen con cinco pulgadas y cada vez menos gente los llama phablets. Hay quien sostiene que el umbral hay que subirlo a
5.5; otros responden que si cada año crecen los tamaños, el listón acabará en seis. Es una discusión semántica, admiten, pero deja un dato incómodo: el término describe algo que ya es el teléfono corriente.
Cabe en el bolsillo: la experiencia contra el prejuicio
La queja básica siempre fue la incomodidad física. Y ahí choca de frente con quien lo lleva encima. Según cuenta un usuario, un Xperia Z de cinco pulgadas entra mejor en el bolsillo que un Nokia antiguo: menos diagonal, sí, pero mucho más grueso, pesado y molesto en el pantalón.
El grosor, no la pantalla, era la verdadera condena del aparato viejo.
El otro frente es la mano. Los pulgares no llegan, objetó alguien que probó cinco y 4.7 pulgadas y volvió a 4.2. La réplica es que en ningún tamaño se alcanza toda la pantalla sin echar mano de la segunda, de modo que la limitación no distingue entre 4.3 y 5.5. Para leer prensa, ver vídeos o navegar en el sofá, la diagonal extra se agradece. Para salir de fiesta o hacer deporte, en cambio, sobra medio cacharro.
Del bolsillo al mercado: un 20% que ya no es nicho
El dato que descoloca a los escépticos es de reparto: según las cifras que se manejan en el debate, casi
una de cada cinco unidades vendidas en el globo se clasifica como phablet. Y eso metiendo en el saco los modelos de cinco pulgadas que la propia industria considera móviles normales. Con un criterio más estricto, la proporción real del formato sería todavía mayor.
El precio dejó de ser un freno. Un Lenovo de
5.5 pulgadas se despachaba por unos 130 euros puesto en casa, con unas prestaciones que un comparador de rendimiento equipara a las de un Nexus 4 o un Galaxy S3. La cámara y el sonido son flojos, concede su dueño, pero para uso doméstico va sobrado. Ahí está la clave: mucho se compra por lo que cuesta.
La sombra del netbook, el formato que murió por éxito ajeno
La amenaza que planea sobre el phablet no es la tableta, sino el netbook. Aquel portátil minúsculo se vendió como la máquina perfecta y acabó sin hueco cuando los ultrabooks y los portátiles ligeros se abarataron. Alguien avisa de que un híbrido que no destaca en nada termina igual. La defensa es la contraria: sustituye dos aparatos a la vez.
Quien sostiene que no sirve ni de móvil ni de tableta recibe siempre la misma respuesta. La tableta se queda en casa; el móvil, no. Por eso hay quien no toca ya ni el ordenador de sobremesa: todo lo hace en el híbrido. Otros, en cambio, vuelven al bolsillo pequeño tras dos intentos y lo dan por moda pasajera.
Móvil pequeño más tableta: la alternativa que sale más barata
Frente al híbrido hay una fórmula que algunos consideran más racional: un terminal modesto para llamar, una tarifa de datos potente y una tableta decente para lo demás. El argumento es de pura aritmética. La pega, que se vuelven a llevar dos aparatos encima.
Y la tableta pesa. Pesa tanto que muchos acaban dejándola en casa. Una de siete pulgadas se queda corta para vídeo y juego. Quien sostiene que la mejor pantalla es la que se lleva contigo tiene aquí su mejor baza.
El rumor sobre Apple y el tamaño que no deja de crecer
El formato que iba a ser un chasco llegó hasta los más reacios. Los medios recogieron el rumor de que Apple preparaba sus propios
modelos de 5.5 y 4.7 pulgadas con pantalla curva para 2014. Para entonces, sostener que el iPhone de cuatro pulgadas era el tamaño perfecto empezaba a ser difícil. La industria entera empujaba en la misma dirección.
Así que el veredicto inicial se ha dado la vuelta. El phablet no era una idea estúpida; era una idea adelantada a los bolsillos de su época. Y todo apunta a que seguirá creciendo hasta que el pantalón diga basta, salvo que aparezca, como espera más de uno, una pantalla que se despliegue.