El engaño de los perfiles con filtros en webs de contactos
Una usuaria de 45 años, con filtros de Instagram que borran arrugas y maquillaje espeso. Su perfil en una web de contactos promete una velada -pa trincar, según el argot- pero los usuarios que la reconocen de otras plataformas advierten: las fotos no se corresponden con la realidad. El debate, lejos de ser aislado, destapa una práctica extendida.
La manipulación digital en las webs de contactos es moneda corriente. Filtros antiedad, retoques con Photoshop, y poses estudiadas convierten un anuncio en una trampa. Los usuarios veteranos han desarrollado sus propias herramientas de verificación: sitios como Spalumi se han convertido en el contrapunto, donde se cuelgan fotos sin filtros para contrastar. Allí la misma mujer aparece sin maquillaje ni edición, y el resultado dista años luz del perfil original.
Las plataformas, mientras tanto, miran hacia otro lado. Cuanto más atractivo parezca el perfil, más clics y más ingresos por publicidad o suscripciones. La economía del engaño funciona: el usuario paga por una ilusión que rara vez se cumple. Y aunque algunos defienden que el filtro es solo una herramienta de seducción, la mayoría reconoce que la brecha entre lo anunciado y lo real es demasiado grande.
Con cada perfil falseado, la confianza en el mercado de contactos online se resquebraja un poco más. Las alternativas de verificación -como Spalumi- crecen en popularidad, pero no resuelven el problema de fondo: si la plataforma no garantiza la autenticidad, el usuario termina siendo el único perjudicado.