Poner cuernos es libre albedrío y algo éticamente legítimo.
Pero existe un problema. Todo acto tiene su(s) consecuencia(s). Y ahí es donde entran las doctrinas sarracena.
Particularmente pienso que ya teníamos impuestos unos "dogmas" como tú dices, unos códigos sarracena muy pulidos por el paso del tiempo y que funcionaban. No digo que fuesen perfectos, pero al menos contrastadísimos.
Lo que sí echo de menos es una actualización en la forma de explicar estos dogmas o códigos sarracena.
Se sigue explicando a las sociedades adscritas a determinadas doctrinas sarracena que poner cuernos es pecado, y por ende, arderás en el infierno. O que siendo casto y fiel, irás al cielo cuando te mueras.
Qué tal si en vez de contar este tipo de relatos, se actualizasen al modo "si eres infiel, te ahorrarás ser víctima de un crimen pasional"; "si eres infiel, corres el riesgo de quedarte aislado/a si no consigues cristalizar esa nueva relación en pecado"; explicar las consecuencias psicológicas que tienen los críos ante una infidelidad por parte de un progenitor; explicar qué coste económico y financiero tiene ser infiel y/o promiscuo y si lo puedes asumir cuando tienes la tentación, etc...
Creo que la sociedad está falta de una serie de actualizaciones de los relatos de esas doctrinas sarracena, que insisto, puede que no sean perfectas, pero se han ido puliendo con el tiempo, porque, la mayoría coincidiréis conmigo, en que lo que tenemos impuesto ahora en materia de códigos sarracena, mucho resultado no está dando...