Los debates sobre el accidente ferroviario no tienen en cuenta, a mi juicio, el contexto de fondo. Estos desastres no son casuales ni obedecen solo a fallos técnicos del sistema; en mi opinión responden a un objetivo: reducir la red ferroviaria de alta velocidad, y al no poder hacerlo de un solo golpe, lo van haciendo poco a poco. La situación es así de sencilla: las élites de este Estado ya no tienen capacidad económica para mantener una infraestructura de semejante calibre. Por lo tanto, en mi opinión han optado por la vía del sabotaje sistemático desde dentro de las instituciones. Provocan la entropía a sabiendas. Lo que viene a continuación es el fin del simulacro de la modernidad: a partir de ahora, la mayoría solo dispondrá de trenes lentos y obsoletos. Os quitan la velocidad para encerraros mejor en la jaula del erial. Otro éxito de la idiocracia ejecutado ante vuestras narices.