El año de Pierce Brosnan: qué harían con el cuerpo perfecto (y por qué no duraría)
La pregunta suena a juego de café, pero tiene miga. Un hechicero regala el cuerpo de Pierce Brosnan en 1985 —la quintaesencia del galán de los ochenta— durante un año. ¿Qué haría un mortal corriente con semejante envoltorio?
Las respuestas oscilan entre el hedonismo más descarnado y el escepticismo cínico. Algunos no lo dudan: trinc sin límite, pillar herencias de jubiladas, atiborrarse de cochambre hasta recuperar el cuerpo de forero normal. Otros ven la trampa: la presión de la perfección, la superficialidad del trato, la certeza de que ni así se escapa de ser tratado como cochambre si el perfil es falso.
Hay quien lo ve como un experimento social: abrirse un Tinder con fotos del actor y comprobar que el trato cambia radicalmente. O admitir que la belleza ajena no siempre se desea, sino que se admira desde fuera: "Mi muyer no le encuentra el punto", dice un escéptico.
Detrás de la broma asoma una incomodidad real: el canon de perfección también asfixia. Brosnan confesó en su día que hubiera preferido una cara con más cicatrices, más de "duro". La belleza perfecta, parece, tiene su propia factura.
Entre el deseo de cr0sin a tope y la conciencia de que el año se acaba, el hilo deja claro que, ante el espejo, nadie sabe muy bien qué hacer con el cuerpo soñado. Quizá lo mejor sea estudiarlo —empresariales, propone alguien— y rentabilizarlo. O volver a la normalidad, que no tiene presión.
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