Por qué las televisiones y monitores cuestan ahora la mitad que hace unos años
Quien haya mirado precios de televisores o monitores últimamente se habrá llevado una sorpresa. Modelos de 55 pulgadas que hace tres o cuatro años costaban 1.000 euros se encuentran hoy por 200-400 euros. En monitores, la tendencia es similar: por 150-200 euros se consiguen pantallas de calidad más que decente para uso doméstico u ofimático. ¿Qué ha pasado? No es magia ni una promoción puntual: es la conjunción de varios factores que han hundido los precios de la electrónica de consumo.
El primer factor es la sobrecapacidad industrial china. Durante la última década, los fabricantes asiáticos –especialmente los chinos– construyeron fábricas de paneles a un ritmo frenético, sin ajustar la oferta a la demanda. El resultado es un exceso de producción que ha empujado los precios a la baja. A esto se suma la madurez tecnológica: las mejoras en calidad de imagen (LED, QLED, OLED) ya no justifican primas tan elevadas como antes, y la competencia entre marcas es feroz.
Pero no todo son buenas noticias para el consumidor. Algunos analistas señalan que el verdadero negocio ya no está en vender el hardware, sino en los datos que el usuario genera a través de los servicios integrados (smart TV, asistentes, publicidad). «Cuando algo es barato, el producto eres tú», resumen. Las televisiones inteligentes se han convertido en dispositivos de recolección de datos, y su bajo precio es la puerta de entrada a un modelo de negocio basado en la vigilancia comercial.
Paralelamente, el abaratamiento de estos productos contrasta con la inflación de los bienes básicos. Mientras una tele de 65 pulgadas cuesta hoy 500 euros, la cesta de la compra, la vivienda o la energía no han dejado de encarecerse. La paradoja es que el consumidor puede permitirse una pantalla gigante, pero cada vez le cuesta más llenar el frigorífico. Es la economía de la abundancia tecnológica frente a la escasez de lo esencial.
En cualquier caso, la tendencia no parece revertirse. Con la guerra de precios entre fabricantes chinos y la consolidación de las marcas coreanas, los precios seguirán a la baja. Eso sí, conviene leer la letra pequeña: quizá el ahorro se pague después con la privacidad.