Mantener un perro de guarda: la broma de los 500 euros
¿Cuánto cuesta de verdad tener un perro? La pregunta, aparentemente sencilla, es la que abre una discusión que se alarga durante años y que desmonta en pocos párrafos la idea de que un animal de guarda sale casi gratis. El planteamiento inicial es concreto: un mastín español regalado para vigilar una finca, con vacunas, chip y toda la legislación vigente en regla, y la duda de si el primer año se irá a los 500 euros que se leen en internet. La respuesta que recibe el autor de la pregunta no es un presupuesto: es un aviso.
El coste real de mantener un mastín
El primer cálculo serio que aparece en la conversación desglosa partidas concretas. Según un cálculo que circula en el hilo, un mastín de tamaño grande consume unos
800 gramos de pienso al día, y el precio del pienso oscila entre
3 y 7 euros por kilo. Los más baratos, advierte ese análisis, suelen ser los peores: bajo porcentaje de carne y materias primas de baja calidad para un animal descendiente del lobo que necesita proteína animal. Solo en comida, la horquilla anual se dispara.
A eso se suma la fase inicial. Las vacunas del cachorro y sus refuerzos se administran mes a mes durante los
cinco primeros meses, y aunque algunos veterinarios ofrezcan paquetes, la factura de esa etapa ronda los
150 o 200 euros, según ese mismo cálculo. Después llega el goteo anual: vacuna de la rabia y polivalente, desparasitaciones internas y externas, y el chip, que en algunos casos se colocó junto a la primera vacuna por unos
50 euros.
Hay quien rebaja mucho esas cifras. Un testimonio habla de
25 euros al año de veterinario, un episodio de bronquitis de unos 50 euros, un arnés barato cada dos años y baño en casa. Otro caso, un perro de 42 kilos, come un saco de 20 kilos cada tres semanas a 40 euros. La diferencia entre ambos escenarios no es el cariño: es el tamaño del animal, su salud y lo que se considere imprescindible.
El perro como alarma: lo que no cubre el presupuesto
La idea de que un perro sustituye a un sistema de seguridad recibe críticas frontales. Un perro no es una alarma ni un guardián electrónico, sostiene un análisis: es un ser vivo que solo desarrolla fidelidad hacia su grupo social, y si se le deja solo en una finca y se le ve de cuando en cuando, no habrá lealtad que valga. La recomendación que aparece es la contraria: para una finca, dos perros, porque uno solo se desvía en el carácter.
El escepticismo sobre la función disuasoria también tiene su hueco. Hay quien recuerda haber metido la mano por la valla para acariciar a supuestos guardianes peligrosos, incluido un mastín, y concluye que la mayoría ladra pero no muerde. La alternativa que se propone es directa:
ponte una alarma.
Seguros, razas peligrosas y gastos imprevistos
La conversación deriva hacia los seguros. Se menciona la conveniencia de contratar un seguro de responsabilidad civil más uno veterinario, con primas que rondan los
50 o 60 euros anuales, que cubrirían daños a terceros y parte de la asistencia médica, aunque no vacunas ni chip. Para razas consideradas potencialmente peligrosas, como el pit bull, se apunta la obligación de contratar un seguro específico, y se plantea si el mastín entra en esa categoría.
Los imprevistos son la partida que ningún presupuesto controla. Un caso relatado: un perro que se rompió los ligamentos cruzados y necesitó una operación de
800 euros. Otro, con problemas renales a los diez años, requiere pienso especial tres veces más caro y medicación de por vida. Y un tercero:
100 euros y pico en pruebas y medicamentos por unas petequias en la tripa. La conclusión que se repite es que el compromiso es hasta el final, no hasta que llega la factura.
¿Cuánto cuesta el primer año de un cachorro?
La cifra de 500 euros para el primer año no es descabellada, pero se queda corta en según qué escenarios. Entre vacunas, chip, desparasitaciones, esterilización —que puede ir de
200 a 300 euros— y alimentación, un perro grande supera esa cantidad con holgura si aparece cualquier complicación veterinaria. El cálculo completo, partida a partida, es lo que conviene revisar antes de aceptar el regalo.
Alimentación: huesos crudos y piensos baratos
La dieta genera su propio rifirrafe. Se plantea si sale más económico dar pollo entero crudo en lugar de pienso, y la respuesta técnica es matizada: los huesos pueden darse, pero siempre
crudos y bien recubiertos de carne, nunca cocidos, porque pueden astillarse y causar problemas intestinales. Hay quien los da a diario y suplementa con calcio si faltan; hay quien tuvo que restringirlos por exceso de calcio. La advertencia sobre piensos de supermercado y marcas muy comerciales se repite: baratos sí, pero no a cualquier precio nutricional.
Con estas cifras, el mastín regalado empieza a parecer la parte más barata del negocio. Lo cual, tratándose de un animal que puede vivir más de una década, no dice mucho a favor del regalo.