El español que se fue a Filipinas y volvió con la lección aprendida
Se fue harto de España, creyendo que el sudeste asiático era un atajo hacia la vida fácil. Volvió meses después, con los ahorros justos y la certeza de que emigrar a un país sin infraestructura ni mercado laboral no es un chollo. ¿Qué falló en el plan?
La crónica de un regreso anunciado
Un profesional español, harto del coste de vida en España y de las dificultades para encontrar un empleo que le permitiera vivir desahogado, tomó la decisión en 2024: se muda a Filipinas. Había visto vídeos de «triunfadores» que presumían de relaciones sentimentales fáciles y de un coste de vida irrisorio. Pero la realidad fue muy distinta. Según su propio relato, el principal escollo fue el mercado laboral: mientras en España un proceso de selección puede resolverse en un mes, en Filipinas se alarga durante meses, y los visados de trabajo exigen incluso retener el pasaporte. No encontró trabajo a tiempo y tuvo que regresar. «Aprendí de la experiencia, volví a España, conseguí trabajo y hace tiempo que recuperé mis finanzas», declaró meses después.
Filipinas frente a sus vecinos: datos que pesan
Las cifras de turismo y expatriados dibujan un mapa claro. Filipinas recibió 5,5 millones de turistas en 2019; Tailandia, 28 millones; Vietnam, 18 millones. La infraestructura es miserable fuera de las burbujas de Makati o BGC: aeropuertos anticuados, carreteras tercermundistas, inseguridad real. A esto se suma un componente oscuro: un porcentaje significativo del turismo masculino occidental busca explotación sexual, incluida la de menores, un secreto a voces que mancha la reputación del país. Quien va buscando trabajo se topa con procesos largos y salarios que no cubren el coste real de una vida medianamente digna.
Alternativas más realistas para quien quiera emigrar
Ante el fracaso de Filipinas, el debate se desplaza a otros destinos. Tailandia, aunque más cara y maleada por el turismo masivo, ofrece infraestructura fiable y un mercado laboral más ágil. Vietnam y Malasia emergen como opciones sólidas: en Vietnam, un apartamento decente cuesta entre 200 y 500 euros al mes; en Malasia, entre 400 y 1.000, con opciones modernas en Kuala Lumpur. Además, el visado «My Second Home» de Malasia es accesible. Para quienes sopesan una jubilación anticipada con unos 2.000 euros de pensión, el sudeste asiático sigue siendo viable, pero eligiendo bien: Singapur es prohibitivo; Filipinas, un riesgo.
La moraleja es tan vieja como el cuento: irse a un país tercermundista sin un colchón financiero sólido (al menos un año de gastos) y sin tener resuelto el trabajo —sea remoto o presencial— es billete de ida y vuelta. Quien lo intentó lo confirma: «Hay que ir con los deberes hechos desde casa». Y añade un detalle: en Filipinas, además de la burocracia, está el peligro de estafas cotidianas, desde timos con taxis hasta empresas de telefonía que te despluman. No es el paraíso low cost que venden en YouTube.