Comprar la caída o guardar munición: el dilema del inversor en 2025
Corre el año 2025 y la bolsa estadounidense ha dejado de ser un paseo. Entre aranceles, recortes de tipos anticipados y una inteligencia artificial que cotiza como si no hubiera mañana, el inversor particular se parte en dos: los que compran cada recorte con la chequera abierta y los que esperan el crash con la mano en el gatillo. El termómetro lo dan las órdenes reales: Nvidia se adquiría a 108 euros cuando cotizaba a 98, y PayPal, Adobe o Salesforce aparecían en las listas de compra mientras el miedo a la disrupción de la IA hacía su agosto.
Centene: la caída que partió el debate
El episodio más comentado no fue tecnológico. Centene, la aseguradora de salud estadounidense, retiró sus previsiones de beneficio para 2025 alegando un encarecimiento de los costes de Medicaid y problemas en su negocio de Marketplace. En preapertura llegó a dejarse un 25%; después, la caída se instalaba en el entorno del 20%. El movimiento se produjo tras el cierre de mercado, lo que impidió a muchos saltar con los stops. Hay quien lo leyó como una oportunidad a medio plazo y cargó hasta un precio medio de 41,3 dólares; otros lo vieron como la trampa clásica de comprar un cuchillo cayendo. Que la acción siguiera ampliando pérdidas hasta el -40% en los días siguientes no cerró la discusión.
IA, semiconductores y la fe en los recortes de tipos
En el lado comprador, el argumento se repite: el mercado sigue alcista, la corrección es sana y los recortes de tipos están por llegar. No hay consenso sobre la magnitud —se discute si 25 o 50 puntos básicos— pero sí sobre el efecto: las small caps volarían. La rotación hacia semiconductores y software fue constante, aunque no exenta de pérdidas. Algunos liquidaron la posición en SoundHound con beneficios antes de que el sector volviera a caer; otros se quedaron sin entrar en Rigetti porque la orden no llegó a ejecutarse. La frase que resume la jornada es la del inversor que compró Nvidia a 108 y, con la acción en 98, seguía comprando.
El crash, ¿octubre o noviembre?
En el otro extremo hay una corriente que no toca Estados Unidos. Wall Street habría dejado de ser un mercado fiable, la burbuja de la IA estaría alimentada por liquidez artificial y la manipulación presidencial del mercado sería tan descarada que se vendería información reservada sin pudor. El default se daría en noviembre, o en octubre, según a quién se pregunte. La discusión se afina con el calendario electoral: las elecciones al Congreso del 3 de noviembre marcarían la fecha límite del circo. La réplica de los compradores es simple: si ese crash llega, será después de meses de recortes de tipos y subidas; no es momento de esconderse.
Robótica: la próxima burbuja o la próxima oportunidad
La semana dejó otra señal en el radar: la salida a bolsa de Unitree Robotics y su buena acogida. La pregunta es si esto marca el inicio de la fiesta o el momento en que empiezan a apagarse las luces. La respuesta práctica de una parte de los inversores pasa por un ETF de robótica, temática para mantener cinco años, en lugar de elegir empresa. En el lado contrario, nadie quiere entrar en una IPO reciente por sistema: acudir a salidas a bolsa casi nunca es buena idea. El sector, se dice, tendrá su momento, pero con correcciones gordas antes.
Refugios: oro, trigo y azúcar
Cuando la confianza se agrieta, los flujos buscan destino tangible. El oro reaparece una y otra vez, junto al platino y el paladio. Llama la atención la deriva hacia materias primas agrícolas: trigo, maíz, café, azúcar y soja, con un ETF de commodities agrícolas de baja liquidez que además esquiva restricciones europeas. Hay quien añade Brasil e India a la lista, con sus ISIN a mano: DE000A0Q4R85 para Brasil, IE00BHZRQZ17 para India. Y no falta la picaresca: comprar acciones de un operador de clubes nocturnos como inversión a muy largo plazo, con la justificación de que ese negocio siempre es rentable. La bolsa, en este punto, ya es un retrato del alma humana.
Al final, el debate deja una sensación incómoda: nadie tiene razón hasta que el precio habla, y el precio lleva semanas haciendo lo que le da la gana. Los que compran la caída se apoyan en una historia de recompras y paciencia; los que esperan el crash se apoyan en el calendario y en la certeza de que tanta liquidez no puede durar. Lo único que no se discute es que, con la bolsa comportándose de forma irracional, el estanco no parece tan mala alternativa. Pero eso ya lo decían en 2006.