La ‘alubia’: el negacionismo que desabrigada la conspiranoia económica
Bicho, bacterias, ADN… y ahora tampoco la ‘alubia’. Una corriente de análisis en redes ha elevado el negacionismo a categoría: si la economía va mal, no hay causas estructurales; hay un plan. Quien lo niega no es ignorante, sino parte del problema. El razonamiento, eso sí, adolece de una lógica circular: la prueba de la conspiración es que la niegan.
El doble pensamiento del ‘antisistema’
Dentro de esa corriente hay una contradicción que la sobrevuela. Quienes se declaran enemigos del sistema caen a menudo en la obediencia más férrea a sus referentes. Los ejemplos: fans de un líder que incluso cuando les impone aranceles o les humilla ante socios del norte de África, callan. No es antisistema; es tribalismo con eslogan.
La historia como colchón: nada nuevo bajo el sol
Otra línea argumental recuerda que el dominio de élites sobre élites es tan viejo como la historia y que, pese al negacionismo, vivimos la etapa más próspera conocida. Si el reloj de la Historia retrocede, la culpa no es de un complot, sino de la incapacidad para discutir datos.
El problema de fondo no es la ‘alubia’: es que, cuando los tipos de interés suben y los aranceles muerden, nadie necesita amos ocultos para explicar el dolor. La conspiración perfecta sería que la negación siguiera siendo la única respuesta.