Autobús o camión: el carnet que sale caro y el que da de comer
La pregunta parece sencilla y no lo es. Sacarse el permiso de conducir profesional cuesta entre carné, CAP y tasas una pasta que, según coinciden quienes ya han pasado por el trámite, no siempre se recupera. La elección entre el D (autobús) y el C+E (camión) no depende del sueldo teórico, sino de si hay o no una plaza pública esperando al final del camino. Sin enchufe, la mayoría de las respuestas apuntan al mismo sitio: explotación.
Cuánto cuesta sacarse el carnet de camión o autobús
El desembolso inicial es el primer filtro. Hay quien lo ha financiado vía SEPE —el servicio público de empleo cubre la formación en algunas comunidades autónomas, no en todas— y quien ha tenido que pagarlo de su bolsillo. El CAP, obligatorio para transporte de mercancías y de pasajeros, suma un porrón de horas y encarece el total. La conclusión que se repite: entre carné, CAP y tasas se va una cantidad que duele, y si luego el mercado no responde, la pérdida es doble.
El autobús solo compensa si hay plaza pública
La línea divisoria está clara. El autobús urbano de titularidad pública —se menciona el caso de la EMT de Madrid— ofrece sueldos altos, muchos días libres y condiciones que quien conduce discrecional no ve ni de lejos. El problema es entrar. Los procesos de selección son estrictos, hay componente de enchufe y, según se comenta, se reservan plazas a mujeres. Fuera de ahí, el autobusero sin plaza fija se enfrenta a servicios como llevar a cuarenta personas a Pamplona en San Fermín, dejarlas a las 18:00 y recogerlas a las 8:00 con lo que eso conlleva. Un asco, resumido en una línea.
El camión: soledad, internacional y sueldos que ya no son lo que eran
El C+E tiene defensores por una razón simple: vas solo, a tu ritmo, sin jefe detrás. Se duerme en la litera, se come de menú o de cocinilla y se para cuando el cuerpo lo pide. El transporte internacional pagaba bien; ahora, con la competencia de conductores llegados de fuera, se habla de ofertas por 1.600 euros al mes para rutas europeas. Hay quien sostiene que un conductor responsable, que cuide el vehículo y dé buena impresión en carga y descarga, todavía encuentra buenos sueldos. Y hay quien directamente emigra: Noruega, Holanda, Alemania o Suiza aparecen como destino para quien no acepta el salario español.
La trampa del CAP y los permisos que se actualizan solos
Un detalle técnico que casi nadie tiene en cuenta al empezar: sacarse el C+E primero permite luego actualizar a D+E, pero al revés no. Quien empiece por el autobús y quiera pasarse al tráiler tendrá que volver a pasar por el CAP de mercancías. El orden importa y equivocarse cuesta dinero. También se apunta que el ADR —mercancías peligrosas— no siempre está mejor pagado, pese a lo que se repite.
El resumen que deja el asunto: sin enchufe ni plaza pública, el sector del transporte es una máquina de exprimir vocación. Con él, el autobús urbano se parece más a un trabajo de verdad. La pregunta que nadie responde con datos es cuántos de los que se sacan el carnet acaban ganando lo que les prometieron.