50 años sin cerrar: el bar Pedro de Paradela se jubila y deja huérfano el 'paquiñismo'
¿Cuánto vale un bar que no ha cerrado ni un día en medio siglo? La respuesta, en Paradela (Lugo), no es económica: es existencial. El bar Pedro, regentado por Pedro Pérez y Olga Vázquez, echó el cierre el 21 de enero de 2025 por jubilación. En 50 años, nunca bajaron la persiana. Ni un solo día.
El 'paquiñismo' como categoría estética
La noticia, publicada por el diario local VILA, desató una curiosa corriente de análisis en redes sociales: la puntuación del 'paquiñismo' del local. El término, acuñado por aficionados a la hostelería castiza, designa un tipo de bar de pueblo con suelos de terrazo, manteles de papel, freidora con aceite de décadas y, por supuesto, el mítico 'bistec paco': una pieza de carne con textura de suela de zapato, servida sin salsa y acompañada de patatas de bolsa. El bar Pedro, según los cánones, rozaba la perfección: algunos le otorgaron un 8, otros un 10, aunque los puristas le bajaron nota por la ausencia de vitrina con ensaladilla rusa y boquerones en vinagre de varias semanas. Y, lo peor, un calendario de 2025 nuevo y sin contenido erótico.
La economía detrás del mito
Más allá del humor, el cierre del bar Pedro refleja una realidad que afecta a la hostelería rural gallega: la jubilación de autónomos que durante décadas mantuvieron abiertos negocios con márgenes ínfimos y dedicación absoluta. El bar era punto de encuentro de vecinos, peregrinos del Camino de Santiago y viajeros de paso. "Ata lles poñía música", contaba Pedro. Ahora, la calle principal de Paradela, donde llegaron a funcionar cinco bares, pierde otro. No hay relevo generacional. El local pasará a otro uso, probablemente okupado —vaticinaban algunos—, pero el 'paquiñismo' no se hereda: se extingue con quien lo vive.
Lo que queda tras 50 años de servicio ininterrumpido
Para algunos, el bar Pedro es una reliquia de otra España: la de los carajillos con barquillo, la mistela con galletas María y los futbolines con monedas de 25 pesetas. Para otros, es simplemente un negocio que funcionó porque cubría una demanda. Los dueños, según fuentes cercanas, "están podridos de pasta" —ironizaban en la conversación pública—, pero nadie discute que se lo han ganado a pulso. 50 años sin un día de baja, sin vacaciones, sin cerrar por obras. Eso no lo logra un algoritmo.
Mientras, en Barcelona, los bares de diseño abren y cierran cada seis meses. El 'paquiñismo' no entiende de cool: se jubila o se muere.