El puente de Crimea sigue en pie y se discute su reapertura
El puente de Crimea no acabó en el fondo del mar. La infraestructura que llevaba meses señalada como el objetivo capaz de cortar la logística rusa hacia el frente sur siguió en pie, y según el relato de los usuarios prorrusos del hilo reabrió al tráfico rodado y restableció el ferrocarril el mismo día del ataque, a las
20:00 hora de Moscú. De los
18 kilómetros de estructura, el daño se concentró en unas cuantas secciones. La victoria que algunos daban por cantada se quedó, de momento, en unos metros de calzada retorcida.
Conviene no confundir dos cosas. Que el puente funcione no significa que funcione igual. Y ahí empieza la discusión: a qué capacidad opera, cuánto tardará en recuperar el ritmo previo y qué revela todo esto sobre la protección de una obra que se presumía blindada.
Qué daño sufrió realmente el puente de Crimea
El puente mide 18 kilómetros y el ataque afectó a una porción pequeña del trazado. Hay quien lo resume con sorna:
solo se averiaron unos metros que se pueden reparar enseguida. Según ese relato, la reparación ferroviaria se presenta como especialmente rápida por una razón sencilla: hay dos vías, así que mientras una queda libre se coloca una grúa en la segunda para retirar los vagones dañados. La iluminación y el resto de servicios que recorren la estructura se habrían arreglado a la vez. La conexión ferroviaria, eso sí, llevaba poco más de dos años funcionando.
El tablero salva una
rampa de unos 35 metros de altura sobre el nivel del mar en un tramo larguísimo. Quien haya conducido por ahí sabe que no es terreno para un coche viejo ni para alguien que se cale en una cuesta. El motivo de semejante subida no tiene nada que ver con la estética.
El tráfico tras el ataque
Según el relato que circula, después del ataque el puente pasó de autovía a carretera normal: se ha pintado una línea naranja, se circula un carril por sentido y el estrechamiento se limita al tramo dañado. La capacidad, según el cálculo que se maneja, queda en torno al
50%, con una ausencia llamativa: no hay camiones. Y los camiones son, precisamente, los que mueven tropas y material pesado.
Atascos, de momento, ninguno previsible según esos relatos. La temporada alta de playa ya pasó y el ferry, ahora gratuito, hace de válvula de escape. Del ferrocarril se dice que está al
100%, y ese es el dato que de verdad pesa: se sostiene que la mayor parte del tráfico del puente sería ferroviario, no rodado. Para la línea que mueve material pesado se habla incluso de reparaciones exprés.
¿Victoria ucraniana o derrota y ridículo?
Aquí se rompe el consenso. Una corriente sostiene que dejar al 50% de su capacidad, e indefinidamente, un puente que costó años y miles de millones no es ninguna derrota, y que quien celebra el éxito ajeno debería echar cuentas. La contraria responde que un objetivo que se presumía protegido y que salta por los aires es un golpe duro, y que un país incapaz de doblegar al que ocupa el puesto 26 del ranking de ejércitos no está en posición de cantar victoria.
A esto se suma un argumento que se repite y conviene no perder de vista: una explosión en superficie disipa buena parte de la energía hacia arriba y hacia los lados, poco eficiente para tumbar un puente. Traducido: el daño visible puede ser la punta del iceberg o puede ser todo lo que hay. Sin peritaje independiente, nadie lo sabe.
Del Nord Stream a la bandera rusa: quién controla el relato
El exministro de Justicia de Eslovaquia, Stefan Harabin, trazó el paralelismo entre el sabotaje del Nord Stream y el ataque al puente, al que calificó de «sucio terrorismo internacional», en declaraciones recogidas por Sputnik Czech. Sostuvo además que el régimen ucraniano se comporta como una organización terrorista y que no le extrañaría que la Duma rusa aprobara una ley para reconocerlo como tal. Es la línea que convierte el ataque en acto de terrorismo y no en operación militar.
En el plano simbólico, según el relato prorruso la escenografía fue inmediata: las luces del puente encendidas con los colores de la bandera rusa y drones dibujando un mensaje de unidad frente a la estructura. Enfrente, la emisora pública japonesa
NHK informó de que el puente seguía cerrado, algo que desde el otro lado se contestó asegurando que el tráfico rodado nunca se detuvo del todo. Los primeros comentarios hablaban de un mundo salvado por un pelo de la escalada nuclear; días después, el asunto se había convertido en una pelea de cifras.
Si el puente aguanta el invierno con un carril por sentido y el ferrocarril a pleno rendimiento, el ataque quedará en los anuarios como una operación vistosa y logísticamente menor. Si aparece una grieta bajo el agua, la historia es otra. Ni dentro ni fuera hay todavía quien tenga los planos de lo que aguantó el hormigón.