200 pisos y una sinceridad incómoda: "lo que quiero es tranquilidad"
Rubén Zaballos, propietario de 200 viviendas, lo dijo sin tapujos en laSexta Xplica: no le importa cobrar 100 euros más o menos, lo que busca es tranquilidad. Su intervención ha reabierto el debate sobre los grandes tenedores y las medidas del Gobierno para incentivar la moderación de precios. Mientras el PSOE propone eximir del IRPF a los caseros que no suban el alquiler, muchos se preguntan si el problema real no es la acumulación de viviendas en pocas manos.
Las tres vías para amasar 200 viviendas
Un análisis detallado de los mecanismos de acumulación inmobiliaria en España señala tres caminos principales: herencia y posición familiar, apalancamiento mediante créditos blandos y recalificaciones, y testaferrato. De estas, la primera explica la mayor parte de los grandes patrimonios, mientras que la segunda ha sido la norma durante la burbuja del ladrillo. La tercera, aunque menos común, no es desdeñable. El caso de Zaballos no especifica su origen, pero su perfil encaja con el del inversor que ha sabido aprovechar el ciclo expansivo y la financiación barata.
La propuesta del PSOE: ¿incentivo o parche?
La medida anunciada por el partido socialista busca fomentar que los propietarios no trasladen la subida del IPC a los inquilinos. Sin embargo, críticos apuntan que para un tenedor de 200 pisos, el coste fiscal de no subir el alquiler puede ser menor que el riesgo de impago o okupación. La declaración de Zaballos refuerza esta idea: la tranquilidad importa más que el ingreso marginal. El incentivo fiscal podría funcionar con pequeños propietarios, pero con grandes tenedores el efecto es dudoso.
Entre la especulación y la política migratoria
El debate no se reduce a la codicia. Hay quien señala que el verdadero motor de la subida de precios es la demanda generada por la inmigración masiva, combinada con las trabas a la construcción y la permisividad ante la okupación. Para este sector, los grandes propietarios son un síntoma, no la causa. Otros, en cambio, los califican directamente de especuladores y achacan el problema a décadas de políticas que han favorecido la concentración de vivienda en pocas manos.
Lo que ninguna de las partes logra explicar es por qué, si la tranquilidad es tan valiosa, los precios de alquiler no dejan de subir. Quizá la respuesta sea que, en el fondo, la tranquilidad de unos pocos vale más que la de muchos.
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