Colchón, cuchillas y robot aspirador: lo que sí merece pagar más
Hay quien ha deshecho las sábanas de su alojamiento en Austria para averiguar qué colchón le hacía dormir como si le hubieran dado un masaje. La marca resultó ser italiana y no se vende en España. La anécdota resume el asunto: existe una lista corta de
productos que merecen pagar más que su alternativa barata, y casi ninguno se sostiene por esnobismo. Se sostiene por aritmética.
El catálogo se ha ido formando durante años y tiene un núcleo duro: colchón, sofá, calzado, silla de oficina, neumáticos, gafas de sol y cuchillas de afeitar. Lo útil no es la lista, son los números que aparecen detrás de cada partida. Porque el sobreprecio que se paga por calidad se puede medir. El que se paga por marca, también.
El colchón de 485 euros que cuesta 1.400 en El Corte Inglés
El cálculo más repetido es el del descanso. Según un desglose que se comparte en el hilo, un colchón viscoelástico de
1,80 por 1,90 metros comprado directamente a fabricante sale por
485 euros. Por un modelo de Pikolín o Lomonaco con características equivalentes, El Corte Inglés pedía
1.400 euros; otras tiendas,
1.200. Entre la primera cifra y la segunda hay casi mil euros de diferencia por el mismo descanso, siempre según ese desglose.
El argumento que acompaña a esos números no es el precio, es la espalda. El colchón y el sofá aparecen una y otra vez porque, sostienen quienes los defienden, el ahorro mal entendido se acaba pagando en problemas de espalda. Y hay un matiz importante: el truco no es gastar mucho, es saltarse al intermediario. Fabricante directo, sin marca de colchonería repercutiendo su publicidad en la factura. El ahorro no está en comprar barato, está en no pagar el escaparate.
El afeitado: 40 euros al año frente a 10 euros cada cinco años
Un paquete de cinco recambios de Gillette Mach3 cuesta alrededor de
10 euros. Cada cuchilla aguanta, según sus defensores, entre 8 y 12 afeitados. Con la horquilla baja salen 40 afeitados por 10 euros y, según el cálculo de uno de ellos, unos
40 euros al año para quien se afeita a diario. Frente a eso, el afeitado clásico: una maquinilla Wilkinson Classic por
4 euros y
100 cuchillas Astra por 10 euros. Con ese desembolso, calcula un veterano de barba cerrada, hay afeitado para cuatro o cinco años.
El frente está abierto y con recados mutuos. Unos sostienen que las multihojas se embotan en dos usos y acaban arrancando la piel; otro responde que las copias de cinco hojas fabricadas por Personna le hacen sangre a menudo y hay que tirarlas a los tres o cuatro usos. En el lado contrario, hay quien asegura que esas mismas cuchillas de cinco hojas son igual de buenas que las de marca. La conclusión provisional incomoda a ambos bandos: la diferencia no la decide el número de hojas, la decide la barba de cada uno.
Roomba: 385, 430 y 499 euros por el mismo alivio doméstico
Tres precios para la misma categoría de cacharro. Una Roomba 760 comprada por
385 euros sigue funcionando tras más de dos años de uso casi diario. Otra, con acabado para casas con mascotas, salió por
430 euros en el día sin IVA de El Corte Inglés. Una tercera se compró en Black Friday por
499, con un precio de tarifa por encima de los 700 y rebajas normales en 600 y pico. Existe una cuarta vía:
165 euros por un modelo 630 de segunda mano con poquísimo uso.
El mantenimiento casi da risa. Vaciar el depósito, un minuto. Filtro nuevo, cada seis meses. Los kits de recambio —filtros y cepillos— se compran por unos
14 euros en plataformas asiáticas, con advertencia técnica incluida: los cepillos de seis brazos funcionan peor que los de tres. Y no, no hay consenso. Hay quien considera que para un piso pequeño y con un aspirador de escoba ya en casa, el robot es un gasto inútil y el precio no lo arregla.
Ketchup Heinz, pan Bimbo y atún blanco: lo que no se negocia
El pan de molde de rebanada grande cuesta casi el doble que el de marca blanca y hay quien no admite otro. El ketchup Heinz se lleva la palma: la alternativa se despacha como incomible, sin matices. Los copos de maíz de 500 gramos a
2 euros rinden diez desayunos y en los días de descuento se quedan al precio de la marca blanca, lo que convierte el capricho en compra neutra.
El patrón se repite fuera del lineal. Aceite de oliva sin marca que sea bueno, huevos camperos, pollo de corral, patata nueva, ternera de calidad, pescado fresco, bonito del norte —que en realidad es atún blanco— y jamón ibérico de bellota de montanera. La regla que se repite: en comida y en salud el ahorro tiene techo.
Pilas, cuchillos, sartenes y tuppers: la parte que genera menos debate
Pilas recargables y cargador solar para no volver a comprar pilas en la vida. Cuchillos Arcos. Sartenes Tefal o Bra, porque las baratas se descascarillan. Tuppers Tatay. Una cortapelo eléctrica decente, que amortiza peluquería y maquinillas a la vez. Esta mitad del inventario apenas genera las discusiones que levantan el afeitado y el robot.
El desacuerdo llega con los caprichos —reproductores y tabletas, ropa de marca—, donde la frontera entre calidad y escaparate se difumina y cada cual coloca la raya donde le conviene. También hay quien considera que todo este ejercicio es una herejía para un ahorrador serio.
El límite del inventario lo pone un dato que no cuadra con ningún otro. Alguien asegura que la última cuchilla que venía en el paquete de Mach3 le ha durado varios años. Si eso fuera norma y no excepción, el negocio del recambio tendría un agujero. No lo tiene.