Barbijaputa, a juicio por tuits antisemitas: crónica de un desenlace anunciado
¿Quién se escondía tras el perfil de Barbijaputa? La respuesta llegó en febrero de 2025, cuando una mujer de complexión robusta, pelo canoso y aspecto descuidado se sentó en el banquillo de los acusados. La activista, que acumulaba años lanzando soflamas feministas y antisemitas, se enfrentaba a un delito de odio por unos tuits de 2011 en los que, según ella, "solo hacía chistes". El juzgado no lo vio igual.
Un personaje fuera de la ficción
Durante años, Barbijaputa fue un enigma. Se rumoreó que tras la cuenta estaba Ignacio Escolar, Marta Nebot o incluso un equipo de articulistas. La realidad resultó más prosaica: una auxiliar de vuelo que, según declaró, empezó a escribir en redes por soledad tras un destino lejano. En los juicios, su aspecto —pelo sin teñir, ropa de mercadillo— desmontó la imagen de femme fatale que proyectaba en Twitter. "No me acordaba de que había hecho chistes sobre esos temas", llegó a decir, según Infobae.
El delito de odio que no perdona
El caso pivota sobre la línea que separa la libertad de expresión de la apología del odio. Los tuits, fechados en 2011, contenían expresiones contra el colectivo judío que la acusación calificó como "trivialización del genocidio". La defensa intentó argumentar que eran meras bromas, pero el fiscal recordó que, según el Diccionario Panhispánico del Español Jurídico, "la negación o trivialización flagrante de crímenes de guerra" está tipificada. El precedente de Pedro Varele, condenado por incitar al odio desde su librería, planeó sobre la sala.
El eco de la extrema izquierda
El juicio ha reabierto viejas heridas. Mientras unos ven un ataque a la libertad de expresión, otros señalan que el antisemitismo era el límite que nunca debió cruzarse. En los pasillos, se oían comentarios sobre la hipocresía de quienes durante años avalaron el discurso de Barbijaputa y ahora callan. "Parece que el sionismo tiene más poder que la sharía", se oyó, en alusión a la rapidez con la que se actuó contra ella comparado con otros casos.
La imagen que rompió el mito
La primera fotografía de la acusada en el juzgado causó estupor. Lejos de la Barbie virtual, apareció una mujer que los comentarios describieron como "contrahecha" y "con problemas de salud mental". La reacción en redes fue implacable: la cosificación y los insultos físicos ocuparon tanto espacio como el fondo del caso. Algunos analistas señalaron que el juicio exponía no solo el antisemitismo, sino también la misoginia que impregna el debate público.
El fallo aún está pendiente, pero el daño reputacional ya es irreparable. La activista que un día predicó el odio desde el anonimato hoy se enfrenta a las consecuencias de sus palabras, mientras la sociedad se pregunta dónde están los límites del humor y la crítica política.
Lo más compartido
Debates relacionados en el foro