El coste de la exclusividad: por qué el mercado de citas ya no es monógamo
La exclusividad en las relaciones de pareja se ha convertido en un bien escaso, y el mercado que lo regula está completamente distorsionado. El último episodio viral -un hombre que descubre que su novia tiene, además de él, otros dos pretendientes- no es una anécdota aislada, sino el síntoma de una dinámica que cada vez se parece más a la competencia perfecta aplicada al amor.
La economía de las citas: oferta y demanda
En teoría, el mercado de las relaciones debería funcionar como cualquier otro: los agentes buscan maximizar su utilidad, y el equilibrio se alcanza cuando nadie tiene incentivos para cambiar. Pero en la práctica, las plataformas digitales han alterado el juego. La oferta de potenciales parejas se ha vuelto líquida y abundante, especialmente para las personas jóvenes. Según datos que circulan en el entorno digital, una mujer puede recibir decenas o cientos de mensajes al día, mientras que un hombre promedio apenas consigue respuestas. Eso crea un desequilibrio de poder de negociación que se traduce en menor disposición a comprometerse.
Para una mujer con una lista de candidatos ilimitada, el coste de oportunidad de mantenerse exclusiva con una sola persona se eleva: cualquier relación requiere renunciar a las alternativas. Para un hombre, entrar en una relación exclusiva es un riesgo de invertir sin retorno.
Redes sociales: el multiplicador de la competencia
Las redes sociales no crearon la infidelidad, pero la han hecho masiva e invisible. Un análisis común es que la tecnología ha reducido los costes de búsqueda y ha permitido mantener múltiples relaciones simultáneas con un coste mínimo de transacción. Una cita un domingo, otra la semana siguiente, y una tercera para la rutina: la programación de citas se asemeja a la gestión de una cartera de activos.
Algunas voces proponen adaptarse: relaciones abiertas, sin exclusividad ni compromiso, como una estrategia de gestión de riesgo. Otras, en cambio, consideran que la solución es la retirada del mercado. La situación ha sido comparada incluso con una oferta de 2x1 en el supermercado, pero la analogía económica no es tan descabellada.
Consecuencias macro: menos familias, menos hijos, más soledad
Más allá de la anécdota, hay quien vincula esta dinámica con la caída de la natalidad y el aumento de la soledad. Si cada vez es más caro comprometerse, los jóvenes tienden a retrasar o descartar la formación de una familia. El problema no es solo individual: tiene efectos sobre la demografía y la economía en su conjunto.
La pregunta es si esta situación es una fase transitoria o el nuevo equilibrio. Todo apunta a que, mientras las plataformas sigan optimizando el emparejamiento, la fidelidad seguirá siendo un activo caro. Pero los mercados tienden a autorregularse; quizá en unos años la monogamia vuelva a ser la opción por defecto, quizá no. Lo único seguro es que el mercado de las relaciones no se comportará como los libros de texto predican.