Polonia compara a Putin con Brezhnev por el gasto militar
El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radosław Sikorski, trazó un paralelismo incómodo en una entrevista con la agencia AFP: Vladímir Putin estaría repitiendo los errores de Leonid Brézhnev al inflar el gasto militar hasta extremos que la propia Unión Soviética no pudo sostener. La frase clave, según recoge la prensa rusa, es que el líder ruso «está repitiendo el camino de Brézhnev». El Kremlin, a la fecha de esta discusión, no había comentado la comparación.
El detalle que da peso al argumento no es de Sikorski, sino del propio Putin: el presidente ruso señaló el 27 de junio que la URSS se derrumbó por el gasto exorbitante en armas. Y añadió que ahora Rusia camina por la misma senda. La declaración sobre una posible reducción del gasto de defensa para frenar la inflación llegó en ese mismo contexto.
¿Cuánto gasta Rusia en defensa y cuánto la OTAN?
Aquí el asunto se enreda. Un bloque de análisis sostiene que Rusia gasta más que toda la Unión Europea en términos ajustados por poder adquisitivo, y lo presenta como prueba de un colapso inminente. El contraargumento es que esa comparación mezcla peras con manzanas: el PIB nominal ruso no llega al de Francia, pero el PIB por paridad de poder adquisitivo (PPA) multiplica su capacidad real de compra interna.
La cita que se repite es la del propio director del estudio que se usa como fuente: «La comparación por PPA es importante para tener en cuenta los menores costes de los insumos internos que tiene Rusia... es un buen indicador de por qué Rusia puede financiar mucho más con un gasto aparentemente menor». Es decir, la misma herramienta que se usa para anunciar el desastre sirve para explicar por qué el desastre no llega.
El 5% del PIB en defensa: ¿de dónde sale el dinero?
El otro frente del debate es europeo. La OTAN empuja a sus miembros hacia el 5% del PIB en gasto militar. En el caso español, ese 5% equivale a casi 90.000 millones de euros al año. La pregunta que sobrevuela es de dónde se recorta: sanidad, educación, pensiones o servicios sociales. Un cálculo que circula apunta a que solo mantener ese nivel exigiría reducir a la mitad la inversión estatal en educación.
Y ahí aparece la contradicción que varios análisis subrayan: los mismos países que advierten del colapso ruso por gasto militar insostenible arrastran deudas del 120% del PIB, déficits perpetuos y una factura energética muy superior a la de sus competidores. La deuda polaca, matizan, no llega a esos niveles, pero la tendencia del bloque es la que es.
El fondo de reserva ruso y la guerra de cifras
Sobre las reservas rusas hay versiones para todos los gustos. Una línea sostiene que el Fondo Nacional de Bienestar se ha vaciado, que el fondo de seguridad social se ha fundido y que este año entra en déficit neto. Otra responde que ni el déficit ni la deuda rusos son hoy inmanejables, y que las reservas no se han agotado. Los datos del NWF que se citan apuntan a que Moscú aún tiene margen.
El escenario que se plantea si las cosas se torcieran es binario: o medidas extraordinarias manteniendo el gasto militar, o recorte del gasto militar. La apuesta de que Rusia se suicide económicamente, dicen, es una apuesta que lleva años perdiéndose.
El precedente soviético y la trampa del PPA
La comparación con Brézhnev tiene un problema histórico: la URSS colapsó, entre otras cosas, por un gasto militar que llegó a ser insostenible, pero también por un sistema de precios administrados y una economía cerrada. Rusia hoy vende gas, petróleo y minerales, y tiene clientes fuera de Occidente. Eso no la hace invulnerable, pero cambia el cálculo.
El ejemplo que se usa para ridiculizar el PPA es el de un país que solo produce bloques de piedra para pirámides: sería la primera economía del mundo en paridad de poder adquisitivo y sus habitantes vivirían con un cuenco de saltamontes. La paridad mide lo que puedes comprar dentro, no lo que vales fuera. Y Rusia importa componentes electrónicos que no fabrica.
El paralelismo de Sikorski tiene gancho político y un problema de fondo: si Putin ya ha reconocido que el gasto militar excesivo hundió a la URSS, la pregunta no es si lo sabe, sino si puede permitirse dejar de gastar. Con el frente abierto y la industria en modo guerra, la respuesta no está en Varsovia ni en Bruselas.