Cuatro categorías, tres votos por apartado y un bot que hace el recuento
Según sus impulsores, los premios foreros acostumbran a repartirse entre los mismos nombres, igual que en los premios del cine, y la entrega termina siendo un asunto entre conocidos. La convocatoria que arranca el 1 de octubre quiere romper esa lógica con una promesa sencilla:
urnas abiertas, voto libre y un recuento automatizado que no dependa de la mano de nadie. Del 1 al 20 de octubre se puede votar; el 21 se anuncian los ganadores. Nace de la desconfianza, no de la alfombra roja.
¿Cuántas categorías y cuántos votos caben?
Cuatro categorías. Una premia al recién llegado que ha dado que hablar durante el año; otra, con un nombre deliberadamente soez que no reproducimos, señala al participante peor valorado por la comunidad; una tercera busca al
community manager infiltrado en el foro; y la última distingue el mejor hilo del año. En las tres primeras se admiten hasta tres candidatos por votante. En la del mejor hilo, uno solo. Se publicará el
top diez de cada categoría, pero el galardón se lo lleva únicamente el primero: nueve finalistas por categoría se quedan con la mención y nada más.
La fórmula exacta para que el recuento no se líe
El reglamento no deja margen a la improvisación. El voto se escribe como una lista numerada del 1 al 4, con las menciones en las tres primeras líneas y la dirección del hilo preferido en la cuarta. Cualquier nombre citado fuera de esa estructura no cuenta, aunque aparezca en el mismo comentario. El recuento lo hace un bot sobre ese formato cerrado, de ahí el empeño en que cada voto llegue masticado y sin adornos. Y una regla tajante:
prohibido autovotarse. Una cuenta, un voto.
El fantasma del voto organizado y las candidaturas propias
El sistema presume de limpio, pero el propio anuncio revela el punto de partida: da por hecho que el reparto entre
amiguitos es la norma en los premios foreros —la comparación con los premios del cine aparece pronto— y de ahí la insistencia en que esta vez no hay tongo. Apenas abierta la veda, alguien anuncia que se presenta a las cuatro categorías y que presentará a los miembros de su propia candidatura, entre risas. Es la contradicción de cualquier votación abierta: cuantos más participan, más pesa quien organiza a los suyos.
Del «que gane el peor» a los mensajes con pinta de máquina
A la apertura le siguen las bromas, los sitios reservados en primera fila y un «que gane el peor» que resume el espíritu del certamen. También hay hueco para el humor sobre la tecnología: un comentario celebra, entre risas, lo mucho que han mejorado los generadores de imágenes. Y en algún tramo aparece una respuesta sin puntuación ni mayúsculas, escrita como un telegrama, que se suma a la fiesta. La primera candidatura a mejor hilo apunta a un texto sobre el agotamiento del remero, toda una declaración de intenciones sobre el año.
Con cuatro categorías y diez puestos visibles en cada una, el escaparate es amplio. El palmarés, en cambio, cabe en una sola línea por apartado: quien no quede primero no se lleva nada. En una votación que presume de objetiva, ese es el detalle que nadie ha discutido todavía.